Ángel Gómez Roldán: "cuando los primeros humanos pisen Marte, no lo verán como un mundo alienígena, sino como un nuevo mundo al estilo de cuando América comenzó a ser explorada"

Ángel Gómez Roldán:

Es un placer poder presentarles a otro de los miembros del Comité Científico del XXIII CEA. En este caso se trata de Ángel Gómez Roldán. Sin duda es uno de los mejores divulgadores científicos que hay en este país pero, ante todo, es un buen amigo. Es el director y editor de la revista Astronomía, una publicación que comenzó en 1985 y a día de hoy sigue llegando puntual a sus lectores. La Astronomía y la Exploración Espacial no tienen secretos para él. Con su forma de divulgar, sabe llegar al público resolviendo las dudas que puedan tener. Ha escrito varios libros y suele dejarse ver en cualquier evento de divulgación científica.

El primer contacto que tuve con Ángel fue por correo electrónico allá por 2006. Tras volver de mi estancia en Irlanda recopilé información sobre el Túmulo de Newgrange, una construcción megalítica con orientación astronómica. Escribí un artículo y se lo remití. Con sorpresa y satisfacción vi como un par de meses después el artículo fue publicado. Ya han pasado 12 años de aquello y ahora estoy orgulloso de poder decir que tengo una sección en esta revista. Desde aquel primer correo electrónico he coincidido con Ángel en bastantes eventos. Estos encuentros me han permitido conocerlo y ahora quiero que sean ustedes los que lo conozcan un poco mejor. ¡Que disfruten de la entrevista!

Es director y editor de la revista Astronomía, una publicación con más de 30 años a las espaldas. ¿Cómo comenzó su aventura en esta revista?

Pues justo cuando empezó la andadura de la revista, a finales de 1985. Los entonces impulsores del proyecto contactaron con socios de la Agrupación Astronómica de Madrid para que les ayudasen en los contenidos, y uno, en plena juventud irreflexiva –no tenía ni 21 años, y justo acababa de terminar la mili–, me metí a ayudar en la redacción de textos y lo que hiciese falta. Estuve colaborando con ellos a tiempo parcial hasta que en 1988 me incorporé a trabajar en el Instituto de Astrofísica de Canarias.

Los lectores de la revista la recibimos puntualmente en nuestros domicilios y es una satisfacción poder leer contenidos de calidad. Desde el otro lado, ¿qué es lo que más satisfacción le produce el hecho de lanzar mes a mes la revista?

Lo he dicho a menudo, pero para mí una de las cosas que me producen más euforia es compartir con los demás la pasión por la astronomía. El hecho de poder estar mes a mes trabajando en hacer una revista con contenidos elaborados por los mejores colaboradores y expertos que uno pueda tener –y esto es algo que nunca agradeceré bastante–, y que llegue a cuantos más lectores, mejor, es un raro privilegio.

Personalmente, le considero un viajero, un aventurero en busca de observar de la mejor manera posible los fenómenos astronómicos. De todos los que ha visto a lo largo del mundo, ¿con cuál se queda?

Podría usar la típica respuesta –todos me gustan por igual– a la no menos típica pregunta de ¿cuál es tu (lo que sea) preferido? Pero en el caso de los fenómenos astronómicos singulares que me gusta perseguir, los eclipses totales de Sol, quizás con el primero que pude ver en todo su esplendor, el de Baja California, en México, el 11 de julio de 1991. Fue un eclipse total que duró casi siete minutos, de los más largos posibles, con el Sol en el cénit, y que disfruté rodeado de aficionados a los eclipses de todos los países. Fue una experiencia tan brutal que desde entonces trato de ir a todos los totales que puedo, y ya llevo nueve. Y en cada uno de ello me emociono con tanta intensidad que es como una catarsis ante esa magnífica obra de arte de la naturaleza que son los eclipses.

Ha escrito varios libros. Uno de ellos es “Crónica de la exploración espacial”. De todas las misiones espaciales, ¿cuál cree que ha sido las más productiva?

Aquí mi corazoncito se debate entre dos: Cassini-Huygens a Saturno y sus lunas; y Rosetta-Philae al cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko. La primera por sus más de trece años estudiando a fondo el fascinante sistema del planeta anillado, que nos ha revelado maravillas sin igual; y la segunda, porque soy un apasionado de los cometas, y esta misión de la ESA, la primera en orbitar y aterrizar en un cometa, fue un éxito espectacular.

angel gomez roldan

Las personas que le siguen en redes sociales pueden ver la gran actividad que tiene en el campo de la divulgación. ¿Qué es para usted lo más enriquecedor de divulgar ciencia?

Con un punto de egoísmo, si se puede decir así, insisto en lo que respondí antes, el placer que me produce compartirlo con los demás. Disfruto dando charlas, me emociono cuando la gente mira por primera vez por mi telescopio en alguna sesión de observación, o, ya con la larga trayectoria de la revista, cuando lectores fieles que empezaron a leerla de jóvenes y se engancharon, y veo que ahora algunos son astrofísicos de renombre, me da una íntima sensación de haber aportado un poquito a la ciencia.

Siguiendo con las redes sociales, su “timeline” en Twitter está plagado de imágenes que los rover marcianos toman de la superficie del Planeta Rojo. ¿Qué es lo que más le sorprende de nuestro planeta vecino?

Que sea un lugar tan parecido en muchos aspectos a nuestro propio mundo. Sus paisajes son familiares y extraños a la vez, en una rara combinación, y creo que cuando los primeros humanos pisen Marte, no lo verán como un mundo alienígena, sino casi como un nuevo mundo al estilo de cuando América comenzó a ser explorada: un lugar repleto de maravillas por descubrir.

Estuvo trabajando un tiempo en los telescopios del Instituto de Astrofísica de Canarias. ¿Cómo fue su paso por allí? ¿Qué recuerdos guarda?

Fueron catorce años, de 1988 a 2002, en los que estuve trabajando de operador de telescopios fundamentalmente en el Observatorio del Teide, en Tenerife, y allí, en contacto directo con la astrofísíca y los astrofísicos más punteros, sobre todo aprendí mucho, muchísimo. Era un trabajo duro porque implicaba pasar más de cien días al año fuera de casa, en el observatorio, trabajando por la noche que en los inviernos se hacía interminable, eran casi dieciséis horas seguidas, pero mis recuerdos son muy vívidos y especiales. Tuve la suerte de experimentar codo con codo con los científicos descubrimientos como el de la primera enana marrón, o presenciar “en directo” en infrarrojo los impactos del cometa Shoemaker-Levy 9 en Júpiter. Además, vivir tanto tiempo en un observatorio de alta montaña en un lugar de una increíble belleza, y que era mi segundo hogar, te da la ocasión de estar en una especie de comunión con la naturaleza. Era mi particular ventana al cosmos.

Háblenos de ese Ángel Gómez Roldán cuando se evade del mundo de la Astronomía. ¿A qué dedica su ocio?

Tengo la suerte de que mi pasión y mi afición es también mi profesión, por lo que mi tiempo está casi monopolizado por la astronomía. Y lo veo natural, no como una obsesión o un friki. Pero también soy un ávido lector y comprador compulsivo de libros, me gusta una buena dosis de endorfinas haciendo deporte en la piscina o el gimnasio, y comparto con mi pareja la afición por los museos, las exposiciones y los viajes.

Ángel Gómez Roldán

¿Cuándo comenzó su interés por la ciencia?

No voy a ser muy original diciendo que la serie Cosmos de Carl Sagan marcó un antes y un después, pero fue así. No obstante, el poso lo tenía ya desde muy niño. Recuerdo muy vivamente ver, con siete años, en la televisión en blanco y negro de casa, las últimas misiones Apollo a la Luna, que me impactaron profundamente. Gente caminando en la Luna. ¿Cómo lo hicieron? Yo quería saber más de eso, y desde entonces levanto mi vista al cielo.

¿Cuál ha sido para usted el científico más relevante de la historia y por qué?

Le tengo un especial “cariño” a Isaac Newton. Me parece que sus contribuciones fueron fundamentales, en especial la relativa a la gravitación, que ponía el orden y el motor en el universo que empezaron a armar predecesores como Galileo, Brahe y Kepler, sin olvidar a Halley y su especial impulso para que Newton desarrollase uno de los libros más relevantes de la historia de la ciencia, los Principia.

¿Qué es lo más valioso de un astrónomo aficionado?

Aunque los hay de muchos tipos, desde el mero interesado en los últimos descubrimientos astronómicos, hasta el apasionado casi profesional que dedica noches enteras a hacer observaciones de calidad aportando valiosos datos a la ciencia; creo que todos tienen en común la particular visión y perspectiva del mundo que nos da la astronomía: la fascinación por formar parte de un universo enorme y complejo, inimaginablemente vasto en el espacio y el tiempo, y en el que, a pesar de todo, tenemos la suerte de ser una chispa de consciencia capaces de abarcarlo en nuestras mentes. Solo hay que ver cuando los astrónomos aficionados organizamos observaciones públicas: aportamos esa sensación de trascendencia que hace que la gente salga pensando lo privilegiados que somos en este pequeño planeta nuestro.

El XXIII CEA es una reunión de astrónomos aficionados al que pueden asistir todo tipo de personas que sientan cualquier tipo de interés por la Astronomía. ¿Qué argumento le daría al que todavía tenga dudas de asistir?

Va a disfrutar, a aprender, a compartir y a experimentar con personas entusiastas y comprometidas. Habrá astronomía de todos los niveles y para todos los públicos, y puedo asegurar que cuando el CEA de Cuenca acabe se habrá quedado con ganas de más.

Ángel Gómez Roldán nació en Madrid en 1965. Es director y editor de la revista Astronomía y divulgador científico. Puedes saber más de él en su página web y en su perfil de Twitter.

Antonio Pérez Verde
Responsable de Comunicación del XXIII CEA

Imagen de cabecera

Créditos: Ángel Gómez Roldán.

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