Javier Armentia: "siempre hemos encontrado en Cuenca un lugar donde hay gentes apasionadas por la astronomía"

Javier Armentia:

Ya falta menos de un año para que tenga lugar el XXIII CEA (Congreso Estatal de Astronomía) y hemos pensado que podría resultar interesante entrevistar a los miembros que componen el Comité Científico. Es una forma de acercar al gran público las personas que velarán por el rigor de los contenidos que se desarrollen a lo largo del Congreso. Recuerden, se celebrará en Cuenca del 1 al 4 de noviembre de 2018. Como primera “estrella invitada” hemos pensado en Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona.

Personalmente no recuerdo cuándo conocí a Javier. Tal vez fuera en algún congreso de astronomía o quizás en alguna quedada de blogueros de ciencia. Puede que haga 8 años, tal vez 10. No lo recuerdo con exactitud. Lo cierto es que cuando conoces a Javier observas rápidamente que es una persona con la que merece la pena conversar y hoy en día es algo que no se encuentra tan fácilmente. Los dos éramos colaboradores de aquel gran programa de radio presentado por Manuel Rodríguez de Viguri, “El Cinturón de Orión“. Él con su sección “El Prisma” y yo con mi “Marte”. Y además, como él mismo recuerda en la entrevista, el planetario de Pamplona fue la anterior sede del CEA. Así que, ¿quién mejor que él para inaugurar esta serie de entrevistas?

Y no me enrollo más. Les dejo con la entrevista a Javier Armentia. Que la disfruten:

En 1993 se inauguró el Planetario de Pamplona y se ha convertido en todo un referente en lo que a divulgación científica se refiere. Además de las proyecciones, tienen un amplio catálogo de actividades. ¿Cuáles de ellas son las que despiertan más entusiasmo entre los asistentes?

Sin duda uno de los platos fuertes de la actividad del Planetario de Pamplona son las sesiones de planetario en las que, además de una película, un documental para la cúpula, incorporamos el cielo en directo y nuestro Planetec: noticias e informaciones desde el espacio. Quizá el elemento más popular ha sido siempre el cielo, ese que aparece cuando quitamos las luces y hace exclamar a todo el mundo: “ahhhh”. Es el inicio de un viaje que seguimos haciendo desde el primer día y al que no renunciamos: el enfrentarnos con el cielo estrellado y su oscura belleza.

Usted impulsó la designación de Cervantes para la estrella Mu Arae y sus cuatro planetas como Quijote, Sancho, Dulcinea y Rocinante. Si hubiera otro llamamiento de la IAU para designar una estrella con tres planetas, ¿qué nombres elegiría?

Bueno, la idea fue una propuesta desde la Sociedad Española de Astronomía que acogimos con mucha ilusión, quizá porque Cervantes y sus personajes son algo tan cercano a todas las personas que nos pareció de justicia que estuvieran también entre los astros que hemos ido descubriendo en el último cuarto de siglo. Ahora, no lo sé, creo que optaría por reconocer a mujeres que han trabajado en astronomía y a las que debemos un reconocimiento que se ha negado durante siglos.

Ha sido conferenciante en el Ciclo de Conferencias “La Diversidad de la Astronomía” organizado por AstroCuenca. ¿Qué destacaría de su paso por la ciudad conquense?

Cuenca es, para el equipo del Planetario de Pamplona, una segunda casa. De veras, no solo por la gran cantidad de colaboraciones que hemos tenido con el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha, sino porque siempre hemos encontrado en Cuenca un lugar donde hay gentes apasionadas por la astronomía y por las ciencias, que saben además encontrar formas de divulgar las ciencias muy cercanas al paisaje, a la historia. La gran labor de divulgación de Astrocuenca, a la que tuve el honor de contribuir en 2013, muestra que lo importante es encontrar gente que cuente historias para un público que desea oírlas. Es decir, lo mejor que te encuentras en Cuenca es que todo es muy cercano, amable, participativo, cómplice…

Debido a su carrera, usted habrá tenido ocasión de mirar a través de un telescopio en innumerables ocasiones. ¿Tiene algún objeto fetiche en el cielo que observe siempre que tiene ocasión?

Tengo una manía, que aplico siempre que descubro sobre mi un trozo de cielo nocturno despejado. Es una especie de comprobación de lugar: miro al cielo y busco reconocer los dibujos amigos, volver a encontrar las historias que tantas veces nos hemos contado. Como he tenido la suerte de moverme mucho en latitud, este proceso a veces era sorprendente: es al mirar el cielo cuando te das cuenta de que vivimos en un mundo redondo. Así que no es un objeto el que me llama, sino el propio orden de la esfera celeste el que me provoca seguir mirando al cielo.

XXIII CEA

Cada vez son más los descubrimientos realizados el campo de las Ciencias del Espacio. El avance de la tecnología hace que se produzcan grandes descubrimientos observando tanto desde tierra como desde el espacio. ¿Cuál ha sido para usted el mayor descubrimiento de la historia reciente?

Sin duda lo vivimos hace unas semanas con la primera detección de una fusión de estrellas de neutrones observado con los detectores de ondas gravitacionales, los satélites de altas energías y un enorme conjunto de telescopios en otros rangos de luz. La coordinación de elementos dispares, la labor conjunta de miles de personas, ha permitido comprobar no sólo algo que sospechábamos que existía y debía ser muy energético, sino también confirmar modelos teóricos de cómo se producen los nucleos pesados, algo propuesto hace unos 30 años pero que solamente ahora podemos decir: y además, esto lo hemos visto.

Sus redes sociales funcionan a pleno rendimiento. Pero todos sabemos que en el Universo 2.0 podemos encontrar contenido de dudosa credibilidad. ¿Qué consejo le daría Javier Armentia al usuario que suele usar las redes sociales e internet en general para obtener información?

Que se pregunte quién o qué está detrás de cada información que ve. No vale decir: “lo he visto en Facebook” y lo ha puesto una persona de confianza. Las personas de confianza caen en el error de transmitir noticias falsas igual que las personas desconocidas. Hay que comprobar siempre dónde va el enlace, qué tipo de medio de comunicación o entidad está detrás de eso que nos han pasado. Y sospechar siempre de aquello que nos haga arquear la ceja. Ah, y no reproducir nunca nada sin estar razonablemente convencido de que merece la pena hacerlo: disminuiremos el ruido y aumentaremos la calidad de la información. Por supuesto: nadie lo sabe todo y lo mejor es preguntar. Lo bueno de la red es que, aunque nos parezca que no, hay gente que sabe y gente que es amable.

Hablemos de pseudociencias. La astrología es una pseudociencia a la que la gente acude. ¿Cuáles cree usted que son los motivos para que una persona anteponga las pseudociencias a las ciencias? ¿Qué habría que hacer al respecto?

Hay muchas razones. En el caso concreto de la astrología, hay estudios que han comprobado que llamarla así, “astrología”, le concede un plus de veracidad al asociarse inconscientemente con conocimientos científicos. Así que digamos “horóscopos”. Pero también es cierto que la pseudociencia atrae porque da soluciones aparentemente completas, generalistas, a problemas: ¿no consigues empleo? Le echas la culpa a la posición de Marte en tu carta natal. Como el remedio de un charlatán o el juego de manos del reiki, es algo que no tiene que ver ni con el problema ni proporciona una solución, pero uno se lo cree y parece descargado de responsabilidad. Y se sabe, los humanos somos así, que lo que no sentimos como responsabilidad nuestra nos genera menos ansiedad o miedo. Me da la sensación de que la gente compra seguridad, o mentiras que dan gustito a las orejas, al comprar un horóscopo.

La única manera de cambiar esto es avisar de que este bálsamo no es bálsamo cierto, ni cura ni es ciencia. Que no digan que la NASA lo avala, ni que está comprobado. La información veraz, la denuncia de quien está timándonos, es fundamental. La responsabilidad de las familias en proporcionar un amor al conocimiento y al pensamiento crítico es algo más de fondo, pero igualmente deseable: tenemos que aprender para ser personas críticas.

Javier Armentia

El astrofísico alavés Javier Armentia || Créditos: José H. Álvarez desde su galería en Flickr.

Usted promueve la inciativa “Ciencia en el Bar” y ha demostrado que en lugares poco convencionales para hacer divulgación se logran buenos resultados. De hecho, cada vez son más las actividades que utilizan los bares para promocionar la ciencia. ¿Cómo surgió esta iniciativa y qué tienen estos lugares de especial para alcanzar ese éxito?

Surgió como una propuesta dentro del Club de Amigos de la Ciencia de Navarra, una asociación que hemos formado personas de diversos ámbitos para promocionar la ciencia y facilitar que las actividades de divulgación puedan llegar a un público amplio. La idea de que la ciencia puede llegarnos por otros canales, no mayoritarios pero más cercanos e informales, no es nueva. Con Joaquín Sevilla, de la Universidad Pública de Navarra, comenzamos a invitar a científicos a que se acercaran a un bar, en una sesión mensual para hablar de investigaciones recientes, de temas punteros o de grandes preguntas que la gente se hace en torno a la ciencia, y que lo hicieran hablando con los clientes del bar como quien charla de fútbol o de cine. De paso, incorporamos pequeños “experimentos tabernarios”, que utilizan elementos sencillos, de los que encuentras en un bar, para contar temas científicos. Con la UPNA y la financiación de FECYT convertimos también esas preguntas en un videoblog en YouTube, luego se incorporó un programa en un magacín generalista de una radio local, El vermut de la ciencia, y hasta en una serie de cursos de verano sobre comunicación de la ciencia, contando historias. El éxito se puede medir en el abanico de temas que van surgiendo y en cómo cada vez más se acercan a nosotros instituciones científicas, además de gestores de centros culturales, para llevar esta experiencia a otros entornos. Ah, y en que seguimos divirtiéndonos con el proyecto, algo que es más que importante.

¿Cuándo comenzó su interés por la ciencia?

De niño veía en la tele (hablo de la prehistoria de la modernidad, a finales de los 60, comienzos de los 70) los programas de Luis Miravitlles y me enamoraba la forma en que la ciencia era el contenido de las noticias. Siempre fui un ávido lector, de ciencia y de ficción, en una casa en la que estos temas gustaban, estuve vinculado al excursionismo y las actividades al aire libre, el conocimiento de la naturaleza no puede hacerse sin la ciencia… Supongo que de forma natural encontraba que esas materias que daban en el cole eran apasionantes porque tenían que ver con lo que me interesaba en un mundo sorprendente. A comienzos de los 70, antes de la primera crisis del petróleo, se acababa de llegar a la Luna, parecía que el viaje espacial era cosa de unos días y el mundo del futuro llamaba a la puerta… Y quería ser parte de ese futuro. Ahora sigo en las mismas pues aunque el mundo no haya cambiado tanto en unas cosas se ha dado la vuelta en otras. Y la ciencia sigue siendo una herramienta imprescindible para conocerlo y participar.

¿Cuál ha sido para usted el científico más relevante de la historia y por qué?

Si la ciencia fue la herramienta más poderosa del cambio social del siglo XX hay que coincidir con quienes le adjudicaron el título de “hombre del siglo”: Albert Einstein. Sigue siendo capaz de conseguir que en una portada de periódico aparezca su foto más de medio siglo después de su muerte y los periodistas coloquen de titular: “Einstein tenía razón”, como sucedió con las ondas gravitacionales.

¿Qué es lo más valioso de un astrónomo aficionado?

El término “aficionado” parece en castellano tener un tono levemente despectivo. El aficionado es voluntarista pero nada que ver con el profesional. Sin embargo, no es así. Lo más valioso está en el concepto: afición. Es decir, amor y pasión por una disciplina. Tanto que lo convierte en su actividad de ocio y, cada vez más, en una verdadera investigación científica. Tanto que se asocia y busca con quién desarrollar el conocimiento de la astronomía. Tanto que, además, lo divulga y facilita que más gente se enamore del tema. Lo más valioso es eso, un cariño por el conocimiento científico que se transforma en actividad. Y en más conocimiento, de calidad.

El XXIII CEA es una reunión de astrónomos aficionados a la que pueden asistir todo tipo de personas que sientan cualquier tipo de interés por la astronomía. ¿Qué argumento le daría al que todavía tenga dudas de asistir?

Tuvimos el honor en el Planetario de ser sede de la anterior reunión, y allí mucha gente pudo descubrir que ser astrónomo es algo que merece la pena. Cientos de personas que venían de todos los puntos del país, profesionales y amateurs, estaban ahí contando proyectos apasionantes, había unas imágenes alucinantes, se podían encontrar libros, propuestas activas… Es el lugar donde puedes descubrir que la astronomía merece la pena, una oportunidad única para una ciudad, en este caso Cuenca, que además ofrece muchos otros atractivos.

Javier Armentia nació en Vitoria en 1962. Es astrofísico, divulgador científico y director del planetario de Pamplona. Puedes leerlo en su blog Por la boca muere el pez, en su cuenta de Twitter @javierarmentia y en la sección Milenio del diario Noticias de Navarra.

Antonio Pérez Verde
Responsable de Comunicación del XXIII CEA.

Imagen de cabecera

Imagen general del Planetario de Pamplona || Créditos: Pamplonetario (Ver original).

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