Rafael Bachiller: "no puedo imaginar mejor escenario que los paisajes y los cielos de Cuenca para disfrutar plenamente de una reunión como el XXIII CEA"

Rafael Bachiller:

Hemos llegado a la última de las entrevistas a miembros del Comité Científico del XXIII CEA. Y aunque no han podido estar todos por motivos de tiempo y agenda, todas las entrevistas han sido de un gran interés, al menos bajo mi punto de vista. Espero que para ustedes también lo hayan sido. Así que, antes de nada, agradecer a todos los que se han prestado para esto. Y como les digo, hoy llegamos a la última con un plato fuerte: Rafael Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional (OAN).

Recuerdo que conocí a Rafael Bachiller en su acto de posesión como miembro de la Real Academia de Doctores de España. Luego, más adelante hemos coincidido en varios actos tanto divulgativos como científicos. Siempre es interesante escuchar a Rafael ya que es una persona con una dilatada experiencia en el campo del cosmos. Por eso te aseguras que escucharle será productivo. Espero que esta entrevista les sea igualmente productiva. ¡Disfruten!

Las estrellas nacen, crecen y, dependiendo de su masa, tienen varios posibles escenarios para sus finales. Pero vayamos al principio: ¿qué es necesario para que se forme una estrella?

Para cocinar una estrella sólo es necesaria una masa de hidrógeno suficiente, la gravedad hace el resto por sí sola. Idealmente esa masa ‘suficiente’ es lo que se conoce como masa crítica o masa de Jeans, que tan solo depende de la temperatura y de la densidad de la masa gaseosa. Pero en la naturaleza todo se complica, y en el caso no-ideal hay muchos otros factores que entran en juego, como la turbulencia del medio, los campos magnéticos y el hecho de que las estrellas suelen formarse en grupos.

Usted ha participado del descubrimiento de alguna de las protoestrellas más jóvenes. ¿De qué márgenes de tiempo estamos hablando? ¿Qué supone el hallazgo de estas protoestrellas?

Se trata de protoestrellas de Clase 0, objetos de tipo solar que todavía no han reunido toda su masa estelar. Estimamos que sus edades son del orden de decenas de miles de años, escalas de tiempo cortísimas cuando tenemos en cuenta que las estrellas consideradas jóvenes, las T Tauri, suelen tener edades cien veces mayores.

Las protoestrellas de Clase 0 son objetos fascinantes, muy fríos, tan solo visibles en el lejano infrarrojo o en ondas milimétricas y, sobre todo, porque eyectan unos chorros bipolares absolutamente espectaculares, muy estrechos, que pueden alcanzar varios años luz de distancia y que, a su paso, pueden crear unas fantásticas ondas de choque, en forma de arco de proa. El hallazgo de estas protoestrellas nos permite estudiar la infancia de estrellas como nuestro Sol.

El conjunto de radiotelescopios ALMA (Atacama Large Millimeter-submillimeter Array) es uno de los grandes proyectos de la astronomía actual que opera en la banda espectral de las ondas milimétricas y submilimétricas. Usted es el delegado europeo en el Consejo directivo de esta instalación. ¿Qué nos ofrece esta banda que no podamos conseguir en el rango visible del espectro?

La radioastronomía de ondas cortas nos permite ver todo ese universo frío y oscuro que no emite en el visible. Muchos de los procesos más interesantes del cosmos tienen lugar en ese universo ‘invisible’ en el que solo los radiotelescopios pueden penetrar. Gracias a ellos puede estudiarse, por ejemplo, la formación y la evolución temprana de planetas, estrellas y galaxias. Por eso las observaciones con ALMA están revolucionando el conocimiento sobre estos temas.

Rafael Bachiller

Imagen de parte de las instalaciones de ALMA en una imagen tomada por el fotógrafo embajador de ESO, Babak Tafreshi || Créditos: ESO/B. Tafreshi.

ALMA se encuentra a 5.000 metros de altura sobre el nivel del mar. Está situada en la altiplanicie de Chajnantor en pleno desierto de Atacama. A nivel de operación humana, ¿se hace complicado trabajar allí en condiciones de gran altitud y escasa humedad?

Se hace muy complicado. Sobre todo a causa de la escasez de oxígeno pues allí su concentración es la mitad de la que hay al nivel del mar. Afortunadamente, el Observatorio tiene un Centro de Apoyo a las Operaciones (OSF, por sus siglas en inglés) ubicado a ‘tan solo’ 2900 metros de altitud, cerca de San Pedro de Atacama. Este centro, de condiciones mucho menos severas que el Observatorio propiamente dicho, alberga las salas de control de las antenas, los laboratorios y las oficinas del personal que lo hace funcionar. Tan solo es preciso subir a Chajnantor para las labores de mantenimiento y de trabajos técnicos de las antenas. Naturalmente también permanece allí el personal imprescindible para mantener unas condiciones de seguridad adecuadas.

Volvamos a nuestro país. Usted es el director del Observatorio Astronómico Nacional (OAN) cuyas instalaciones más antiguas se encuentran junto al madrileño parque del Retiro. Son unas instalaciones visitables y, por cierto, muy recomendables. ¿Qué pueden encontrar allí las personas que deseen visitarlas?

Rafael Bachiller

Edificio del Observatorio Astronómico Nacional || Créditos: Twitter.

Pueden encontrar una auténtica joya escondida en el centro de Madrid. El corazón del Observatorio Astronómico Nacional es el edificio construido por Juan de Villanueva a finales del XVIII, un bello ejemplo de arquitectura neoclásica y un icono de la Ilustración española. Además tenemos el espectacular Gran Telescopio de Herschel, de 8 metros de focal, un péndulo de Foucault y una interesante colección de instrumentos astronómicos y científicos. Realizamos un gran esfuerzo por mantener estas instalaciones de forma impecable y estamos encantados de compartirlas con los 8000 visitantes que recibimos cada año.

Otra de las instalaciones del OAN está situada en el municipio castellanomanchego de Yebes (Guadalajara) que además podremos visitarlas el último día de Congreso. ¿Qué investigaciones se llevan a cabo desde allí?

En Yebes tenemos uno de los radiotelescopios más potentes de los instalados en España y en Europa. Con sus 40 metros de diámetro y su altísima precisión, este instrumento permite la realización de investigaciones punteras en astrofísica. Además, éste y otros equipos son utilizados para el estudio de algunos fenómenos geofísicos, como la deriva continental o la medida ultraprecisa de la rotación terrestre.

Ha recibido el Premio Castilla-La Mancha a la Excelencia Científica. ¿Qué rasgos debe tener un científico para que lo califiquen de excelente?

Me siento muy honrado con esa distinción, sobre todo por venir de esta maravillosa tierra en la que he sido tan feliz durante estos últimos 30 años. Me considero un obrero artesano de la ciencia y el miembro de un maravilloso equipo en el OAN, pero admiro enormemente los rasgos de excelencia que observo en muchos de mis colegas: imaginación, perseverancia y trabajo duro, inspiración, talento, habilidad para plantear los problemas de manera abordable y para establecer relaciones entre fenómenos aparentemente no conectados.

Usted es muy activo en lo que a divulgación científica se refiere. Bajo su punto de vista, ¿cuál es la mayor satisfacción de divulgar ciencia?

Si se tiene la suerte de poder observar el universo, de dedicarse a su estudio, de seguir los descubrimientos que se realizan día a día, de ver las maravillas que vemos ¿cómo no vamos a sentir el deseo y la satisfacción de contarlo? Ese placer en compartir el conocimiento es sin duda una de mis mayores fuentes de satisfacción.

Además creo que poner de relieve el valor de la ciencia es una obligación moral de los científicos, pues solo así lograremos hacer comprender a todos los ciudadanos que los grandes retos con los que se enfrenta el mundo moderno (cambio climático, enfermedades, pobreza, hambre, acceso a la medicina, contaminación generalizada de los continentes y los océanos, etc) solo pueden abordarse a través de la ciencia. Para ser un hombre o una mujer de nuestro tiempo hay que saber de ciencia.

¿Cuándo comenzó su interés por la ciencia?

Supongo que con mis primeros estudios. En seguida se me dieron bien las matemáticas y, cuando una cosa se te da bien, eso te hace insistir en ella, entrando así en un bucle que se retroalimenta. Por eso me interesé pronto por las ciencias, también tratando de satisfacer una curiosidad insaciable por comprender qué es y cómo funciona nuestro mundo. Los primeros cursos que estudié de física me revelaron que el mundo está lleno de prodigios. Pero no es sólo la física o la astronomía, también las otras ciencias, las humanidades, las artes, las ciencias sociales, todo me interesa.

El caso es que en física destaqué modestamente y ahora creo que no me equivoqué al desarrollar mi vocación por medio de la astronomía. Por todo ello, de acuerdo con mi humilde experiencia, siempre recomiendo a los jóvenes que se dediquen a aquella actividad o disciplina que se les de bien. Cada uno de nosotros tenemos nuestro talento y nuestras habilidades, y el desarrollar esas cualidades personales nos hace sentir increíblemente satisfechos. Por el contrario, debe de ser muy fastidiado tratar de forzarse en un trabajo en el que no seamos, al menos, un poco buenos.

¿Cuál ha sido para usted el científico más relevante de la historia y por qué?

Tengo a Newton y a Einstein en el mismo altar. Genios que ciertamente llegaron ‘a hombros de gigantes’, pero que supieron sintetizar los conocimientos de esos otros científicos anteriores y contemporáneos para crear teorías en una dimensión completamente nueva, logrando así un nivel de conocimiento y abstracción nunca alcanzado antes. En un nivel más personal, me siento muy influido por los escritos de Bertrand Russell, un eminente matemático y filósofo y una de las figuras más prominentes del siglo XX, a quien considero un ejemplo integral a seguir.

¿Qué es lo más valioso de un astrónomo aficionado?

El entusiasmo. Algunos astrónomos profesionales pueden llegar a perder un poco de su ilusión inicial por el hecho de tener que ejercer todas las labores ‘accesorias’ que conlleva la investigación científica, incluyendo la preparación de muchas solicitudes de fondos, de tiempo de observación con diferentes telescopios, la redacción de artículos e informes de actividad, etc. El astrónomo aficionado puede limitarse a practicar la parte más interesante y fundamental de la astronomía: la observación del cielo. Por eso, creo que el entusiasmo siempre permanece en los aficionados dotándoles de una personalidad y de un talante muy especiales.

El XXIII CEA es una reunión de astrónomos aficionados al que pueden asistir todo tipo de personas que sientan cualquier tipo de interés por la Astronomía. ¿Qué argumento le daría al que todavía tenga dudas de asistir?

Además de poner en valor la observación astronómica, de reivindicar la belleza del firmamento y de brindar una oportunidad excelente para seguir aprendiendo, este congreso me parece una gran ocasión para entablar o cultivar las relaciones personales con otros asistentes. Los astrónomos, incluyendo aficionados y profesionales, somos una gran familia, y una familia muy acogedora. Y, por si todo esto fuera poco, no puedo imaginar mejor escenario que los paisajes y los cielos de Cuenca para disfrutar plenamente de una reunión como el XXIII CEA.

Rafael Bachiller García nació en Madrid en 1957, es Dr. en Físicas y director del Observatorio Astronómico Nacional (IGN).

Antonio Pérez Verde
Responsable de Comunicación del XXIII CEA

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