China aprueba la "presidencia perpetua" de Xi Jimping

Mario Saavedra García

Deng Xiaoping limitó a 10 años el mandato presidencial para evitar dictaduras personalistas.

Con 2.958 votos a favor, dos en contra y tres abstenciones, el Legislativo chino (un órgano controlado por el Partido Comunista) ha aprobado el cambio en la Constitución que elimina la limitación a dos mandatos del cargo de presidente de la república popular. Con ello, el actual presidente, Xi Jimping, tiene vía libre para perpetuarse en el cargo.

Se convierte así  en el político más poderoso de la historia del gigante asiático desde el gobierno de Deng Xiaoping durante los años 80.  Podrá ahora continuar en el poder más allá de 2023, fecha en la que debería haber abandonado el cargo de no ser por la enmienda constitucional presentada por el Partido Comunista el mes pasado y aprobada hoy por aplastante mayoría en un Parlamento completamente leal a los preceptos del partido.

Esta acumulación de poder -Xi es presidente, jefe de las Fuerzas Armadas y secretario general del Partido Comunista – inicia una nueva era de centralización en China. Para algunos expertos, una etapa de continuidad más personalizada con asesores capacitados; para otros una amenaza de estancamiento en un mundo volátil y una puerta abierta a luchas internas de poder dentro de un descomunal sistema burocrático que ya no cuenta con la limitación de mandatos como mecanismo de frenada.

El pensamiento de Xi entra en la Carta Magna

Tres cosas cambian a partir de hoy en la Constitución china tras la que ha sido la modificación más importante en 14 años: el fin de la limitación de mandatos, la creación de comisiones de supervisión en la lucha contra la corrupción (de la que el mandatario es enemigo declarado) y la incorporación de una “cláusula ideológica”, ‘El Pensamiento de Xi Jinping sobre el Socialismo con Características Chinas para una Nueva Era‘, pasa a formar parte íntegra de la Carta Magna.

“Los chinos de todas las nacionalidades seguirán adheridos a la dictadura de una democracia popular y al camino socialista”, reflejó Xi en su texto “Perspectiva científica sobre el Desarrollo”.

“Y el pueblo chino”, culmina el presidente, “promoverá el desarrollo coordinado político, cultural, ético y social, para convertir a China en un gran país socialista moderno que sea próspero, fuerte, democrático, culturalmente avanzado, armonioso y bello”.

Una dictadura personal

“Tal y como yo lo entiendo, los límites a los mandatos de la Constitución del 82 eran la más extraordinaria y eficaz medida legal que podría impedir la emergencia de una dictadura personal”, estimó el mes pasado Li Datong, redactor jefe retirado del reputado suplemento ‘Freezing Point’.

“Es más: se trató de un punto culminante en el progreso de la civilización política de China y uno de los mayores legados políticos de Deng Xiaoping. Si eliminas estas medidas, vamos a hacer el ridículo, a retroceder en el tiempo y a plantar de nuevo la semilla del caos, y el daño puede ser incalculable”.

La última vez que se tuvo constancia de luchas internas en el Gobierno chino fue en 1989. Los estudiantes de Tiananmen aprovecharon esta tensión para lanzar una revolución aplastada de manera fulminante por unas autoridades incapaces de reaccionar con calma a tantos frentes abiertos. Desde entonces, todos los procedimientos de sucesión se han llevado a cabo sin mucho ruido.

Eso podría cambiar cuando la edad o la presión obliguen a Xi a dejar el cargo.

 

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