Elecciones presidenciales en Brasil: un polémico ex militar frente a un intelectual progresista

Noticia Detalle

Unos 147 millones de brasileños están llamados este domingo a las urnas para elegir entre dos candidatos que han dividido al país como pocas veces se ha visto en su historia.
Uno, un polémico capitán de la reserva del Ejército que promete una liberación total de la economía, y el otro un intelectual de izquierdas, aunque moderado y que encarna el ideal social de Lula, el mayor líder popular del país, pero en la cárcel por corrupción.
Este domingo, en catorce de los 27 estados del país, también se elegirá en segunda vuelta a los nuevos gobernadores, que completarán el mapa político que encontrará el nuevo presidente, que asumirá el cargo el próximo 1 de enero.

En España  de los 20.000 electores brasileños que viven en España, la gran mayoría podrán votar en las ciudades de Madrid y Barcelona en la segunda vuelta de los comicios presidenciales las que se presentan Jair Bolsonaro (Partido Social Liberal) y Fernando Haddad (Partido de los Trabajadores).

Un ex militar sin pelos en la lengua

Bolsonaro es el candidato de la ultraderecha a la Presidencia de Brasil, Jair Bolsonaro

Bolsonaro es el candidato de la ultraderecha a la Presidencia de Brasil.

Jair Bolsonaro (Campinas, Estado de Sao Paulo, 1955) ha liderado durante semanas todas las encuestas de intención de voto de cara a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil, haciendo gala de un discurso totalmente alejado de lo políticamente correcto.
El ultraderechista es defensor de la familia tradicional, y tildado de machista, racista, militarista y homófobo por sus detractores, tuvo un antes y un después el pasado 6 de septiembre, cuando un perturbado mental de 40 años le apuñaló en el abdomen con un cuchillo de cocina.
Fue entonces cuando su figura traspasó las fronteras brasileñas y su fotografía apareció en los medios de todo el mundo. ¿Quién era ese polémico político que había sido apuñalado mientras hacía campaña y que los analistas brasileños comparaban con Donald Trump?.
Bolsonaro parece haberse ganado las simpatías de los brasileños decepcionados con la política tradicional, la corrupción, los problemas económicos y la violencia, que dejó en 2017 al menos 63.880 homicidios, batiendo el anterior récord por tercer año consecutivo.
Aglutina especialmente a quienes repudian al Partido de los Trabajadores (PT) de Luiz Inácio Lula da Silva, que gobernó el país entre 2003 y 2016.
Bolsonaro propone, por ejemplo, endurecer las penas para homicidas y narcotraficantes, dar más autoridad a la Policía y una polémica política de “armas para todos” en pos de la autodefensa ciudadana.
Llama la atención que el 60 por ciento de sus electores tienen entre 16 y 34 años. El ‘bolsonarismo’ parece estar triunfando entre los jóvenes, un sector poblacional que aupó al PT del ex presidente Lula en la década pasada.

Bolsonaro, hijo de un dentista rural, había pasado hasta ahora 27 años en el Congreso habiendo logrado aprobar apenas dos proyectos de ley de los cientos que presentó. Antes había sido capitán del Ejército.
Pasó por hasta siete partidos distintos antes de unirse al Partido Social Liberal (PSL), su actual formación.
Bolsonaro no parece tener pelos en la lengua. Ha sido condenado en varias ocasiones por polémicas declaraciones.
A una diputada del PT que le tildó de “violador” por supuestamente incentivar dicha práctica le respondió que “jamás la violaría, porque no lo merece”.
Sus detractores le acusan de homófobo. “Sería incapaz de tener un hijo homosexual, prefiero que muera en un accidente de coche”, dijo en 2001.
El Tribunal Supremo llegó a denunciarlo en abril por ofensas contra los negros descendientes de esclavos, indígenas, refugiados, mujeres y miembros del colectivo LGTBI.
Defiende, además, aspectos de la dictadura militar brasileña. “El error fue torturar y no haber matado más”, ha declarado.
Bolsonaro aboga por fortalecer la seguridad del país empoderando a los cuerpos del orden –“un policía que no mata no es un policía”y no oculta que le gustaría que la mitad de sus ministros fueran militares.
Quiere también acabar con las cuotas raciales en la Universidad que garantizan plazas a pobres, negros e indígenas.

“Lula es Haddad, Haddad es Lula”

 Haddad disputa la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil con el ultraderechista Jair Bolsonaro, ganador de la primera contienda electoral.

Haddad disputa la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil con el ultraderechista Jair Bolsonaro, ganador de la primera contienda electoral.

Fernando Haddad (Sao Paulo, 1963) le cambió la vida el pasado 11 de septiembre, cuando se convirtió en el candidato presidencial del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, sustituyendo en la papeleta electoral al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
La Justicia vetó la candidatura del ex presidente y Haddad comenzó una campaña exprés. Tenía menos de un mes para lograr convencer a los brasileños de que él es Lula.
En primera vuelta de las elecciones el pasado 7 de octubre quedó segundo y consiguió un 29 por ciento de los votos, un buen resultado teniendo en cuenta que competía con otros siete candidato.
Haddad es abogado, con maestría en Economía y doctor en Filosofía, muy carismático entre los jóvenes progresistas. Nació en una familia de comerciantes libaneses y fue criado en una zona de clase media de Sao Paulo. Está casado con Ana Estela, una odontóloga, y tiene dos hijos.
Se afilió al PT con 20 años. Representa al ala moderada. Cuando Lula llegó al poder, se convirtió en asesor del Ministerio de Planificación y ministro de Educación. Inauguró más de un centenar de campus universitarios y desarrolló las becas ProUni, que favorecieron el ingreso a la educación superior de pobres, negros e indígenas.
Brasil aumentó considerablemente sus índices de escolaridad durante los años en los que el ahora candidato a presidente estuvo a cargo del sector educativo. En su currículo, también la Alcaldía de Sao Paulo, la urbe más poblada del país.

La pregunta del millón es qué hará con Lula si llega al poder. Haddad ha descartado indultar al ex presidente. Dice que Lula rechaza el perdón porque quiere ganar en los tribunales y así demostrar su inocencia.

La estrategia del PT ha sido una fuerte campaña publicitaria con el lema “Lula es Haddad, Haddad es Lula”.
Pero lo cierto es que hay diferencias de peso entre ambas figuras. Lula es un sindicalista de base popular, con gran oratoria y de izquierda dura, mientras que Haddad se orienta más hacia la socialdemocracia europea y ha desarrollado su vida en círculos académicos de clase media.

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