Siete años de Guerra en Siria: cada hora huyen 250 niños del conflicto

Elena Garcia Fermosel

El informe 'Voces desde la zona de peligro en Siria' de la ONG Save the Children advierte del incumplimiento de derechos humanos

La guerra de Siria cumple siete años con niveles de muertes y desplazamientos sin apenas precedentes, hasta el punto de que unos 250 niños huyen cada hora de la violencia, según datos de la ONG Save the Children, que ha recogido testimonios de algunas de las víctimas de un conflicto que ya suma cientos de miles de fallecimientos.

Desde mediados de 2017, mueren cada día en Siria al menos 37 civiles, lo que supone un aumento del 45 por ciento y evidencia el “fracaso absoluto” de las iniciativas internacionales adoptadas en el último año, entre ellas de las denominadas ‘zonas de distensión’.

Así figura en el informe ‘Voces desde la zona de peligro en Siria’, con el que Save the Children da la palabra a quienes han sufrido la guerra en primera persona en regiones como Idlib o Ghuta Oriental, escenario de algunas de las mayores escenas de violencia durante las últimas semanas. Los nombres no concuerdan con las identidades reales para proteger a estos testigos.

Testimonios de afectados

“Hubo un bombardeo cerca de mi casa el mes pasado. Treinta personas murieron y había muchos niños. Mis vecinos tienen un hijo de cuatro años que ahora está aterrado, se niega a ir a la escuela, no quiere estudiar y ni siquiera sale d cada”, cuenta Tarek, un padre de familia residente en Idlib.

Desde esta misma zona, Aseel relata que “los niños chillan y gritan cada vez que pasa un avión”. Esta madre explica que “tienen miedo y se esconden”, ante el temor de lo que podría ser un nuevo ataque aéreo.

Las escenas se repiten en Ghuta Oriental, un enclave controlado por los rebeldes a las afueras de Damasco y donde unas 400.000 personas han permanecido atrapadas ante el asedio.

Los niños tienen fobia a los aviones

Así, los niños que antes “soñaban con subirse a un avión para viajar”, ahora “les tienen fobia”, explica Yaman. Parte de su miedo procede de los “cohetes elefante”, un tipo de armamento bautizado de esta forma por el sonido que emite y que muchos de los menores plasman en sus dibujos: “Se imaginan un elefante volador que cae a la tierra y lo destruye todo”.

Para miles de personas, la única opción es huir, bien a otra zona de Siria o a países vecinos. El número total de desplazados y refugiados supera los once millones y Save the Children advierte de que no cesa de aumentar, con cientos de desplazamientos de media cada hora.

“El nuestro era un pueblo tranquilo, pero fue atacado”, explica Haya, vecina de Idlib y que vio ante sus ojos cómo “se masacraba a los niños”. “Huimos dejando atrás todas nuestras pertenencias. Nos llevamos a nuestros hijos y nos fuimos a la montaña de Al Zawya, pensando que era una zona tranquila, pero también ha habido masacres”, añade Haya, cuya familia terminó moviéndose de nuevo dos veces más hasta terminar a las afueras de Alepo, “en casas abandonadas”.

La crueldad del hambre

Más de dos millones de personas, la mitad de ellas niños, viven en zonas completamente sitiadas o donde la ayuda humanitaria apenas llega –el régimen sirio ha rechazado al menos 125 convoyes con víveres y suministros–. Como consecuencia, la malnutrición infantil ha alcanzado niveles máximos y muchos de los civiles se ven abocados a comer lo poco que tienen a su alcance para sobrevivir.

“Algunos niños nacieron bajo asedio y ahora tienen cuatro años”, dice Akram, un cooperante que trabaja en Ghuta. “Uno de mis familiares vio una vez una manzana y no sabía lo que era. Le daba miedo. No hay electricidad en Ghuta, así que los niños ni siquiera pueden ver manzanas en la televisión”, añade.

Una familia pequeña, de tres miembros, necesita actualmente unos 600 dólares para cubrir sus necesidades básicas de mano, dos comidas al día, combustible y utensilios básicos de limpieza, pero los que tienen la suerte de tener algún ingreso apenas ganan 100 dólares de media.

“Vemos alegría en la cara de los niños cuando reciben una galleta. Le dimos a un niño un bocadillo y no se lo comió, lo escondió. Cuando le preguntamos por qué, nos contó que su hermano estaba hambriento en casa y que quería compartirlo con él”, relata Hayyan desde Ghuta Oriental.

A los bombardeos indiscriminados contra poblaciones civiles y a la negación sistemática de la ayuda se suman también los ataques constantes contra instalaciones teóricamente protegidas por el Derecho Internacional.

Ataques a instalaciones médicas

En 2018, los ataques contra instalaciones médicas y ambulancias son casi diarios –en cinco días de febrero hubo 24 solo en Ghuta–, mientras que los abusos son también recurrentes en el caso de los centros educativos –más de 60 escuelas de Ghuta han sufrido daños entre enero y febrero–.

Hany, de 11 años, describe el momento en que su colegio fue atacado en Idlib: “La profesora estaba de pie delante de la ventana y nos dijo que iba a buscar bolígrafos y papel, (pero) antes de que pudiera salir sufrió una herida en la cabeza y vimos que estaba muerta”.

En Ghuta, el miedo a nuevos ataques ha llevado a la mayoría de las escuelas a proseguir sus actividades en sótanos.

Save the Children ha instado a todas las partes a cumplir “plena e inmediatamente” la resolución de la ONU que ordena poner fin a la violencia en la región de Idlib y de Ghuta Oriental y a permitir la distribución de la ayuda, así como de la evacuación de los heridos.

Este mismo martes más de un centenar de civiles fueron evacuados  del principal feudo opositor de las afueras de Damasco, Guta Oriental, objetivo de una ofensiva del ejército sirio y sus aliados, informaron medios de comunicación oficiales.

© Castilla-La Mancha Media 2018

Aviso legal - Política de Cookies - Política de Privacidad