¿En qué consiste la revuelta de los "chalecos amarillos" de Francia?

Son los “chalecos amarillos” y están en pie de guerra. Llevan tres semanas de protestas y manifestaciones, y ya han convocado por redes sociales las próximas: también en París, el sábado 8 de diciembre. Se trata de un movimiento transversal, sin líderes claros, que ha protagonizado los disturbios más violentos de los últimos tiempos en la capital gala este pasado fin de semana.

Unas protestas que han llevado al Gobierno francés a renunciar a la subida de impuestos sobre los carburantes. Va a anunciar este martes que renuncia a una nueva subida de los impuestos sobre los carburantes a partir de enero, que fue la primera de las reivindicaciones de los “chalecos amarillos” cuyas protestas han derivado en una crisis social sin precedentes.

uentes del Ejecutivo citadas por los medios indicaron que será el primer ministro, Édouard Philippe, el que va a comunicar “una moratoria” de ese incremento fiscal en un encuentro esta mañana con su grupo parlamentario en la Asamblea Nacional. Philippe presentará igualmente otras medidas para intentar calmar los ánimos de los “chalecos amarillos”, que el pasado sábado protagonizaron protestas de una violencia inédita en Francia, en particular en París

En el origen de la protesta, una medida del Gobierno de Emmanuel Macron calificada como ecológica: la subida del precio de los carburantes, con el objetivo de lidiar con los problemas de contaminación en la capital, París, y en otras grandes ciudades. Pero, 21 días después, parece claro que el rechazo va mucho más allá. Entre otras razones, porque a los “chalecos amarillos” se han unido otros colectivos, como estudiantes y trabajadores de diversos sectores.

Hasta el momento, es la crisis más grave a la que ha tenido que enfrentarse Macron desde su llegada a la Presidencia de la República Francesa. La luna de miel con el candidato que fue para una parte del electorado galo la gran esperanza frente a la candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen, parece haberse acabado.

Algunas de sus políticas y los recortes llevados a cabo por el Ejecutivo han desembocado en una ola de descontento y rechazo, sobre todo, para un amplio espectro de la población rural de Francia, especialmente castigada por la crisis económica y parte de las medidas del Gobierno para atajarla.

Varios medios galos destacan la fractura entre el campo y la ciudad, donde el medio rural se siente particularmente agraviado frente a las grandes urbes. Para ellos, la subida del precio del combustible, esencial para el transporte y el acceso al trabajo en las zonas rurales del país, parece haber sido la gota que ha colmado el vaso. De ahí el estallido de las últimas semanas y días.

A estas alturas, en cuestión está no sólo quién paga la factura de la desaceleración económica sino, también, la de las medidas anticontaminación, necesarias, por otro lado, para luchar contra la contaminación, el calentamiento global y el cambio climático. Algo que puede suscitar algún debate en la Cumbre del Clima que ha comenzado hoy, lunes 3 de diciembre, en Katowice, Polonia.

Por el momento, en Francia, el gabinete de Macron ha optado por intentar rebajar la tensión y, en lugar de decretar el Estado de Excepción, como se había planteado, ha iniciado un proceso de diálogo.

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