El futuro ya está aquí y Blade Runner se acercó bastante a la realidad

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“Los Ángeles. Noviembre de 2019”, así empezaba la película Blade Runner, para situarnos en un futuro decadente, una distopía altamente tecnológica en la que los seres humanos ‘conviven’ con, más bien ‘utilizan’ a, replicantes, humanos hechos en laboratorios pero con más fuerza y agilidad y sin sentimientos. Los replicantes quedan relegados a trabajos peligrosos y son usados como esclavos.

La película que se presentó como ciencia-ficción ya no lo es tanto. Replicantes no tenemos, que sepamos, pero sí hay humanoides cada vez más desarrollados. Robots que nos ayudan en las tareas diarias, que mandamos al espacio,…  Hasta nos planteamos problemáticas en cuanto a su función en la sociedad: un juzgado de Canarias ha dictado que sustituir a un trabajador por un robot es despido improcedente.

De la misma manera, la domótica que aparece en la película encuentra su reflejo en la realidad actual: hogares inteligentes, asistentes digitales,…

La estrella de la ficción: el coche volador

La gran promesa de las películas futuristas: los coches voladores. Los vimos en ‘Regreso al Futuro’, El Quinto Elemento’ y cientos de películas más, por su puesto también en ‘Blade Runner’. Pero no, todavía nos toca esperar, no tenemos autos voladores pero tampoco parece que su uso quede muy lejos.

Una de las partes que más llaman la atención de la cinta de culto es su ambientación. Un Los Ángeles abarrotado de personas, replicantes, edificios gigantes, máquinas y neones. Un paisaje que podemos ver en ciudades como Tokio y Hong Kong, que sirvieron de inspiración al film. Pero tampoco hay que irse tan lejos para ver a nuestro alrededor el bombardeo constante de publicidad al que estamos sometidos.

Una estampa oscura, sumida en la noche perpetua y con lluvia constante. La tecnología ha sustituido a la naturaleza y los efectos en el medio ambiente se notan. Visualmente, esa capa oscura que rodea a la ciudad nos recuerda a la ‘boina’ de la capital madrileña.

El billete a Marte se vende caro

La gentifricación también está representada en este universo distópico, con la contraposición de las viviendas en las zonas altas y las que están en suelo. Los pobres quedan relegados a estas últimas, sucias y viejas. Los ricos se mudan a colonias fuera de la Tierra, que todavía no han sido destrozadas por la mano del hombre. En la película, la gente (que puede) huye de los efectos devastadores en la naturaleza, igual que se prevé ocurra cuando suban las temperaturas por el cambio climático., no a otros planetas (que también) sino a zonas de la Tierra que aún sean habitables. Aumenta la brecha social y la desigualdad de manera desproporcionada.

Obsolescencia programada en todo y para todos, también para los replicantes, cuatro años, porque no pueden arriesgarse a que se rebelen (o a que caiga la producción). Y a pesar de la alta tecnología que aparece en la película, se quedaron cortos, y hoy superamos la visión de Ridley Scott (director de la cinta) y Philip K. Dick (autor de la novela en que está basada, ‘¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?’). Nuestras videollamadas nada tienen que envidiar a las que tienen Rick Deckar y Rachael.

Puede que Blade Runner no acertase en sus promesas pero sí en sus advertencias y este es el futuro que nos ha quedado.

Las lágrimas en la lluvia de Blade Runner

Lo que aún no hemos visto: “atacar naves en llamas más allá de Orión, rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”.

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