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Camino de Noheda (Cuenca)

El Amancio Ortega de la época, de hace 2.000 años, construyó en el pueblecito conquense de Noheda a escasos 20 kilómetros de la Ciudad de las Casas Colgadas, una villa con todo lujo de detalles. Cómo sería ese “casoplón” romano que cuenta con el mosaico figurativo más espectacular de todo el Imperio. El morador (dominus) era tan rico, tan rico, que se hacía traer el vino desde Siria (posiblemente la cuna de la uva syrah) porque el vino de Cuenca no le gustaba.

Claro, a un romano de su status no le podía faltar en su cocina el famoso garum, una salsa con vísceras de pescado fermentado y no sé cuántos ingredientes más, que fue reinterpretado por Álvaro Neira, chef del restaurante Natura del Museo Paleontológico, lugar que elegimos para presenciar la estampa del Casco Histórico de Cuenca desde el llamado “Segundo banco más bonito del Mundo”, donde nos dirigimos para conocer las salas romanas del Museo Arqueológico.

Y para demostrarle al romano que estaba confundido con los vinos de Cuenca, le pedimos al “sumillerfiel” y responsable de sala del restaurante Granero (Quintanar de la Orden), cuya carta de vinos ha sido premiada por los Premios Miguel de Cervantes, Adán Israel, una selección de sus referencias preferidas conquenses.

Todo ello avalado con la cata, también, de los vinos eleaborados por Bodegas Coronado, en Alberca del Záncara, y Puente de Rus, en San Clemente, hoy por hoy, promedoras elaboradoras cuyos vinos darán en lo sucesivo mucho de qué hablar.

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