Laura González, una joven esquiladora en Calzada de Calatrava (Ciudad Real)

Mujer esquiladora de Calza de Calatrava

Susana Palomo Gómez
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Laura es aprendiz de esquiladora, un oficio eminentemente masculino y que poco a poco se ha ido perdiendo en nuestro país. Aún así con la llegada del calor toca liberar a las ovejas de su lana y, los esquiladores no dan a basto. Entre ellos, máquina en mano está Laura, de 22 años y natural de Calzada de Calatrava (Ciudad Real).

Esta joven aprovecha los establos de su familia para poner en práctica lo aprendido. Tiene claro que el oficio de esquiladora es  "muy bonito e importante y esencial para la producción de los animales".

Estudia ganadería y asistencia animal y dedica su tiempo libre a cuidar de los animales de la explotación ganadera familiar.

"La primera que va a ayudar soy yo", afirma orgullosa.

Cada año cuadrillas de esquiladores pelan la lana de las más de 500.000 ovejas de Castilla-La Mancha. Se enfrentan  a la escasez de mano de obra y el relevo generacional. Cada vez quedan menos esquiladores españoles. Poco a poco, tenemos que ir tirando de gente de otros países para ayudarnos a hacernos la temporada", asegura a CMM un esquilador.

Sin embargo jóvenes como Laura dan una dosis de esperanza a un sector que las necesita. Cada vez hay menos esquiladores y mujeres como Laura se hacen hueco en una labor tradicionalmente en manos de hombres.

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