Así descubrió el Hospital de Albacete cómo la Covid-19 ataca al cerebro

Albacovid equipo

Redacción CMM

Un equipo pluridisciplinar de médicos castellanomanchegos ha llevado a cabo una doble investigación de impacto internacional, publicada en dos de las mejores revistas médicas. CMM Digital ha hablado con el director e ideólogo de la investigación, el doctor albaceteño Tomás Segura. Han descubierto que la Covid-19 tiene un fuerte impacto neurológico. Y que la enfermedad, provocada por el coronavirus SARS-COV-2, ataca al “santuario” que es el cerebro destruyendo la barrera que lo protege.

“Nos fijamos en que muchos de los pacientes llegaban al hospital atontados, aturdidos, somnolientos, con encefalopatías”, cuenta el doctor Tomás Segura a CMM Digital mientras recuerda aquellos días en los que todos los médicos del Hospital Universitario de Albacete se dedicaban a tratar pacientes Covid-19, en lo más duro de la pandemia.

[Muerte súbita por coronavirus: una posible teoría de Tomás Segura (Hospital de Albacete)]

Segura es jefe del servicio de neurología del hospital, además de profesor titular de la UCLM. Él y casi una veintena de médicos de la región han publicado dos investigaciones conjuntas en sendas revistas médicas internacionales en las que concluyen que el coronavirus es una enfermedad neurotóxica y describen cómo consigue el virus atacar el “santuario biológico” que es el cerebro.

“Lo más llamativo es que esto se haya podido hacer en un hospital de provincias en medio de una pandemia”, subraya Segura mientras cuenta a CMM la génesis de una investigación de impacto internacional.

El proceso

Segura decidió que, además de tratar a los pacientes, era necesario descubrir más sobre este virus, “tan complejo que parece de laboratorio”. Era necesario hacer ciencia en medio de la tormenta de la pandemia. Él y otros médicos del hospital, dedicados a las cosas del cerebro, se pusieron manos a la obra: hasta 12 neurólogos, dos neurocirujanos, tres radiólogos y una patóloga.

Primero había que recopilar los datos clínicos de los pacientes y crear una base de datos, convenientemente anonimizada y tras obtener permiso al Comité de Ética. Surgió así el proyecto Albacovid y, con él, su primer descubrimiento, publicado en la prestigiosa revista Neurology: que más de la mitad de los pacientes con coronavirus padecían algún tipo de daño neurológico. Algunos son leves, como ansiedad, dolor de cabeza, mialgias, trastornos del gusto o del olfato; otros, graves, como ictus, las polineuropatías o las encefalopatías, daño grave este último que ha sufrido uno de cada cinco pacientes estudiados.

Siguieron investigando. Empezaron a analizar muestras cerebrales de los pacientes afectados por Covid-19 y de los trombos (cóagulo de sangre en una vena) que en ocasiones producía la enfermedad. Y descubrieron cómo el virus conseguía atacar el “santuario biológico” que es el cerebro, normalmente ajeno a las. Eso es lo que acaban de publicar en la prestigiosa revista Brain. En portada.

La explicación

El virus en sí no llega al cerebro. Lo han buscado pero no está. ¿Cómo lo ataca entonces? Rompe la barrera hematoencefálica: el tamiz que filtra las sustancias que llegan al tejido por los vasos sanguíneos. Las moléculas que superen un tamaño mayor del admitido no entran. Es lo que provoca que sea tan difícil atacar con quimioterapia los tumores cerebrales, pero también lo que lo defiende de bacterias u otras toxicidades.

En algunos pacientes, el SARS-COV-2 provoca sin embargo la ruptura de esa barrera. Destruye las células endoteliales especializadas del cerebro (controlan el intercambio de sustancias entre la sangre circulante y los tejidos de alrededor). “Lo hemos visto tanto imágenes de microscopio que muestran vasos del cerebro en los que el endotelio está destruido como en trombos sacados del cerebro que tienen células endoteliales muertas que no deberían estar ahí”.

El dilema

Este impacto en el cerebro complica mucho la vida de los médicos en su lucha contra la enfermedad. Tienen que decidir si dar o no dar fármacos anticoagulantes.

Por un lado, hay que proteger al sistema vascular de los trombos sanguíneos, y eso se hace con anticoagulantes. Pero si se licua demasiado la sangre, se podrían favorecer las hemorragias cerebrales, y ello en un tejido encefálico en el que el endotelio está destruido, como ha comprobado esta investigación.

“La enfermedad debilita enormemente el endotelio, y al mismo tiempo tiene una tendencia feroz a provocar fenómenos trombóticos ligados tanto a esa disfunción endotelial como a la tormenta citoquínica”.

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