No More Matildas: la campaña para visibilizar las desigualdades de la mujer en la ciencia

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Igual que uno no decide ser oficial de riesgos digitales o técnico en medicina nuclear sin haber conocido o visto a uno antes, hacen faltan más científicas para equilibrar siglos de ausencia de ellas.

Faltan referentes femeninos en la ciencia, algo sobre lo que quieren concienciar los promotores de #NoMoreMatildas. Detrás de este hashtag está la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (Amit) que llevan más de 30 años trabajando por la visibilidad y promoción de las científicas, “sistemáticamente infravaloradas y olvidadas”, como denuncian.

AMIT quiere combatir desde las escuelas y hogares la desigualdad y la falta de mujeres en la ciencia. Tres cuentos cuento les sirven para explicar las consecuencias de ignorar y desperdiciar el talento de una parte de la sociedad.

¿Quién es Matilda?

La escasez de científicas ya preocupaba a principios del siglo XX a Matilda Joslyn Gage. Un nombre que no les suena porque no lo han visto ni en los libros de texto ni en los best sellers.

A principios del siglo pasado esta norteamericana se convirtió en activista en la lucha por el voto femenino y el reconocimiento de logros de mujeres en la ciencia. Su figura fue recuperada un siglo después por otra compatriota, la historiadora de la ciencia Margaret W. Rossiter que destapó y puso un nombre a la infravaloración de las científicas. Lo bautizó como efecto Matilda, término del que habló por primera vez en 1870 y que acuñó en 1993.

El efecto Matilda, varias décadas después

Han pasado más de tres décadas, y la presencia de la mujer en premios científicos, organismos de la ciencia o en las universidades STEM (las siglas en inglés que aglutinan las carreras de ciencias, tecnologías, ingenierías y matemáticas) sigue siendo una asignatura pendiente. Un ejemplo de ello, los premios más prestigiosos, los Nobel.

En sus 119 años de historia, de los 602 premios de medicina, física y química, menos del 0,3% fueron entregados a científicas (solo 22 mujeres). ¿Qué sabemos de ellas?¿por qué al igual que Matilda no aparecen en los libros de texto?

Ante esta ausencia de notoriedad y reconocimiento nace la campaña #NoMoreMatildas una iniciativa de Amit que ha contado con el apoyo de la Oficina del Parlamento Europeo.

La pregunta: ¿y si Einstein hubiera sido mujer? ha llegado hasta el Parlamento Europeo aunque el objetivo principal es que se cuele en las aulas y en nuestras casas.

Los tres cuentos sobre la hipotética vida de Matilda Einstein, Fleming o Schrödinger

La campaña #NoMoreMatildas se plasma en tres cuentos, tres hipotéticas historias que nos invitan a imaginar cómo hubiera sido la vida de Albert Einstein, Alexander Fleming y Erwin Schrödinger en caso de haber sido mujeres. El desenlace no se lo vamos a desvelar para que lo lean, pero se lo pueden imaginar.

Los cuentos no están a la venta. Pueden descargarse en la web www.nomorematildas.com.

Las mujeres de ciencia y sus logros, en los libros de texto

Detrás de estas hipotéticas Matildas Einstein, Flemingo o Schröndiger está Amit que lleva en España desde 2001 trabajando con los gobiernos. Primero, en leyes de igualdad de género en la investigación y la academia. Después, en acciones relacionadas con dar un mayor papel a la mujer en las diferentes estructuras de la ciencia.

Comenzaron siendo nueve socias y ahora son más de mil (entre sus filas hay hombres, aunque siguen siendo minoría).

Científicas de éxito y trabajadoras de la ciencia

Para Carmen Fonell, presidenta de esta asociación “es fundamental que veamos a mujeres haciendo ciencia. Hay que dar ejemplos de excelencia pero también de normalidad. Hay que dar modelos de mujeres de éxito, inspiradores pero también de científicas normales, con sus vidas y familias”. Fonell podría ser uno de esos referentes: “Mi marido y yo nos hemos organizado para cuidar de nuestras hijas […] nunca renunciamos al placer de verlas crecer“.

Fonell, que es también catedrática de Fisiología Vegetal en la UCLM, recuerda que en las facultades de ciencias “no sólo faltan mujeres sino que han progresado a un menor ritmo que los hombres. Nuestras carreras se han visto seriamente retrasadas a la hora de llegar a ser profesoras de investigación o catedráticas , jefes de departamento, decanas, rectores, profesoras de instituto[… ] y aunque eso está cambiando, poco a poco, seguimos en unas cifras penosas”.

Con esta idea, AMIT tiene como objetivo conseguir una mayor presencia de científicas en los libros de texto escolares, tanto en Primaria como en la ESO y Bachillerato, desde la convicción de que, como referentes, estas mujeres serán un estímulo para despertar en las niñas una vocación científica y contrarrestar los estereotipos.

La ciencia no es sólo cosa de hombres

Para Fonell, las mujeres son parte de la historia de la ciencia y de la civilización aunque “haya habido un intento, consciente o inconsciente, de borrarlas”. Una de las explicaciones que argumenta es la dificultad o incluso prohibición de que las mujeres accedieran a la educación formal”.

“Las mujeres no pudieron acceder en igualdad de condiciones que los hombres a la Universidad de Cambridge hasta 1947, es decir,738 años después de que se fundara”.  La consecuencia inmediata de esta falta de imágenes de mujeres en la historia de la ciencia es que hace que otras mujeres (y las niñas y jóvenes) perciban que la ciencia es cosa de hombres.

Además, asegura que la sociedad, las familias y las escuelas dudan sistemáticamente de la idoneidad y capacidad de las niñas para dedicarse a la ciencia. “Estas niñas terminan dudando de sí mismas. Y aquéllas que logran sobreponerse a estos obstáculos se encuentran con entornos académicos hostiles,  plagados de estereotipos”, señala Fonell.

Por ello, cree que muchas abandonan y otras se quedan estancadas y nunca consiguen desarrollar su potencial. “Por eso, solo ocupan en torno al 20% de las plazas de mayor nivel profesional en la investigación y su participación en el liderazgo y la toma de decisiones en ciencia sigue siendo anecdótica”.

¿Cómo ha afectado el efecto Matilda a la ciencia?

Fenoll cree que las escasez de mujeres en la ciencia se ha traducido en que menos mujeres se plantearan la posibilidad de ser científicas.

Eso supone “un desperdicio de talento imposible de medir. Teniendo en cuenta que las mujeres son la mitad de la población y que no son menos capaces que los hombres”.

Y aunque cree que en la actualidad es más difícil encontrar casos tan sangrantes como los del pasado, ” todavía no hay igualdad efectiva“.

Un poco de historia sobre la reivindicación de la mujer en la ciencia

La infrarrepresentación de las mujeres en la ciencia se conoce desde hace décadas. En los años 70 se estableció la Association for Women in Science en EEUU, y en Europa en la década siguiente. A las iniciativas de los países nórdicos y el Reino Unido, siguió una sensibilización general de la Comunidad Europea que culminó, en 1999, en la formación del “Grupo de Helsinki” para examinar la situación de las mujeres en Ciencia en 30 países.

El plan de acción para promover la igualdad de género en la ciencia incluyó la elaboración por un grupo de expertas/os del informe ETAN, publicado en el año 2000.

Pese a ello, la brecha de género sigue existiendo y a veces incluso se ahonda en muchos campos del saber (por ejemplo, en Informática y Big Data).

Diferentes estudios de la Universidad de Valencia y la Complutense revelan a penas un 7,6% de referentes femeninos en libros de texto de la ESO respecto a sus homólogos varones y un 12% en las citas de trabajos académicos.

El porcentaje de mujeres en carreras científicas es inferior al 50%, (un 8,5% según la Unesco) pero más preocupante aún es el descenso en áreas clave para el desarrollo tecnológico de la sociedad, como la ingeniería informática, en la cual en España las mujeres representaban más de un 30% de la alumnado en los años ochenta y hoy a penas llegan al 12%, y las matemáticas, grado en el que desde el año 2000 en el que las mujeres representaron más del 60% del alumnado, su presencia no ha dejado de disminuir siendo del 37% en 2018.

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