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Sondeos de emergencia en el Pusa: la carrera contrarreloj para que el agua deje de llegar en cisternas

El Gobierno de Castilla-La Mancha destina más de 75.000 euros a nuevos sondeos de agua en la Mancomunidad del Pusa, donde la sequía ha obligado a recurrir a cisternas, depósitos y restricciones tras agotarse la presa.

Sonde de emergencia de aguaImagen creada con IA

Redacción CMM
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Castilla-La Mancha pone en marcha nuevos sondeos en San Martín de Pusa y Retamoso de la Jara, con una inversión de más de 75.000 euros. Es el último capítulo de un problema que se repite desde hace años en una mancomunidad de diez pueblos y más de 8.000 vecinos.

En los pueblos del Pusa llevan demasiados veranos mirando al cielo. Cuando la presa baja, empiezan los problemas; cuando deja de llover, aparecen las garrafas, los depósitos y las cubas. 

Este septiembre la situación ha ido un paso más allá: la captación que abastece a la Mancomunidad del Pusa agotó sus reservas el día 4 y diez municipios de la provincia de Toledo tuvieron que tirar de pozos propios, depósitos municipales y suministros de emergencia.

Ahora se busca agua, literalmente, bajo tierra. El Gobierno de Castilla-La Mancha ha puesto en marcha sondeos de emergencia en San Martín de Pusa y Retamoso de la Jara para localizar nuevas captaciones subterráneas y disponer de una alternativa cuando la presa vuelva a quedarse sin recursos. Los convenios con ambos ayuntamientos se han publicado este 14 de septiembre y las actuaciones superan los 75.000 euros de inversión, cofinanciados con fondos FEDER 2021-2027.

Sondeos romper la dependencia de la presa

La idea es bastante sencilla de explicar, aunque no tanto de ejecutar: perforar hasta localizar agua subterránea que pueda aprovecharse para abastecimiento. Si el resultado es positivo, después habrá que completar la captación, equiparla e instalar los sistemas necesarios de bombeo para poder llevar ese agua hasta los depósitos. Es decir, hacer un agujero no significa automáticamente abrir un nuevo grifo.

La actuación que acaba de activarse se concentra en San Martín de Pusa y Retamoso de la Jara, dos de las localidades que han llegado a esta crisis sin pozos alternativos suficientes. La intención de la Junta es que esas captaciones puedan complementar en el futuro el agua procedente de la Mancomunidad y aportar algo especialmente valioso en esta zona: un plan B.

Y falta hace. La Mancomunidad del Pusa da servicio a diez municipios: Espinoso del Rey, Malpica de Tajo, Los Navalmorales, La Pueblanueva, Retamoso de la Jara, San Bartolomé de las Abiertas, Santa Ana de Pusa, Torrecilla de la Jara, Villarejo de Montalbán y San Martín de Pusa. En conjunto dependen de este sistema unas 8.300 personas, aunque en verano la población aumenta considerablemente en varios de estos pueblos.

Una presa pequeña para más de 8.000 personas

Hay un dato que ayuda a comprender el problema. La presa del Pusa tiene una capacidad máxima de apenas 0,64 hectómetros cúbicos, es decir, unos 640 millones de litros de agua. Es tan pequeña que, al estar por debajo de los cinco hectómetros cúbicos, ni siquiera aparece en la estadística semanal de los grandes embalses del Ministerio para la Transición Ecológica.

En condiciones normales cumple su función. El problema llega cuando se encadenan pocas lluvias, altas temperaturas y un consumo mayor durante las vacaciones y las fiestas de verano. El nivel desciende y la captación se complica. Además, cuando hay que extraer desde las zonas más bajas aparecen concentraciones elevadas de hierro que pueden hacer que el agua deje de ser apta para el consumo humano. Eso es precisamente lo que ocurrió este agosto.

A finales de agosto, siete municipios y 4.356 vecinos llegaron a estar sin agua potable por esos niveles de hierro. La situación era todavía más delicada en San Martín de Pusa, Santa Ana de Pusa, Espinoso del Rey y Retamoso de la Jara, alrededor de 1.500 habitantes, porque en ese momento no disponían de una alternativa suficiente a la captación mancomunada.

De una presa seca a siete autobombas en la carretera

El 4 de septiembre se agotó finalmente el agua disponible en la captación. Desde entonces, la imagen del abastecimiento en algunos pueblos ha sido bastante distinta a la habitual: camiones, depósitos portátiles, cubas y restricciones para intentar que no falte agua en las casas.

La Junta ha desplegado siete autobombas y una nodriza del dispositivo Infocam, que en una sola jornada trasladaron alrededor de 100.000 litros de agua hasta los depósitos de Santa Ana de Pusa, Retamoso de la Jara, San Martín de Pusa, Espinoso del Rey y Los Navalmorales. A ese dispositivo se suma el suministro de Infraestructuras del Agua de Castilla-La Mancha a depósitos portátiles, que ya había aportado otros más de 32.000 litros.

La Diputación de Toledo también ha intervenido con agua embotellada: a comienzos de septiembre distribuyó 19.800 litros, 3.960 garrafas de cinco litros, entre ocho municipios afectados.

Todo sirve para salir del paso. Pero una cisterna llena un depósito hoy; no resuelve qué ocurrirá el próximo agosto. Y ahí está precisamente la importancia de los nuevos sondeos.

El problema del Pusa no empezó este verano

En 2022, la falta de agua llevó a declarar de emergencia unas obras para ejecutar nuevos sondeos y mejorar el abastecimiento de la Mancomunidad. La actuación tenía un precio estimado de 300.000 euros y también recurrió a financiación europea.

Aquel diciembre ocurrió justo lo contrario de lo que sucede ahora: llovió con tanta intensidad que la presa pasó de estar en apuros a alcanzar el 100 % de su capacidad. La Mancomunidad respiró y consideró entonces garantizado el suministro hasta la primavera o comienzos del verano.

En 2023 volvió a hablarse de pozos. Castilla-La Mancha Media ya contó entonces que se preparaba una inversión de 200.000 euros para captaciones que pudieran conectarse a los depósitos y utilizarse cuando la presa estuviese bajo mínimos.

Y en octubre de 2024, otra señal de alarma: el embalse cayó hasta aproximadamente el 5 % de su capacidad y varios pueblos tuvieron que buscar alternativas para no sufrir restricciones.

En 2025 estuvieron un mes sin agua potable

El episodio del año pasado deja todavía más claro hasta qué punto se trata de una debilidad estructural.

En septiembre de 2025 una avería obligó a captar el agua a mayor profundidad, donde la concentración de hierro era superior. El problema terminó prolongándose y, a finales de octubre, la Mancomunidad acumulaba ya un mes sin agua potable.

El entonces problema no era solo la cantidad de agua. El presidente de la Mancomunidad advertía también de unas instalaciones antiguas y una potabilizadora con dificultades para eliminar el exceso de hierro cuando el embalse se encuentra muy bajo.

En resumen: unos años falta agua, otros aparecen problemas de calidad y, cuando llega una buena temporada de lluvias, la urgencia desaparece temporalmente. Hasta el verano siguiente.

¿Los sondeos solucionarán definitivamente el problema?

No necesariamente, al menos no por sí solos.

Un sondeo es una búsqueda de agua subterránea y no garantiza de antemano ni que se encuentre un caudal suficiente ni que el recurso localizado pueda incorporarse inmediatamente al abastecimiento. Después hay que comprobar su cantidad y calidad, equipar el pozo y conectarlo al sistema.

Pero disponer de captaciones alternativas sí puede cambiar mucho las cosas. En lugar de depender prácticamente de que la presa conserve suficiente agua hasta septiembre, los municipios podrían contar con una segunda fuente a la que recurrir durante los episodios de sequía o en momentos de máxima demanda.

La propia Dirección General del Agua plantea estas actuaciones como parte de una estrategia a corto, medio y largo plazo, no como una solución aislada.

El verdadero reto: no empezar de cero el próximo verano

La licitación de los sondeos llega, por tanto, en plena emergencia, pero el reto va bastante más allá de solucionar septiembre de 2026.

La historia reciente del Pusa es casi un carrusel: presa al límite, restricciones, pozos, lluvias, recuperación y vuelta a empezar. En diciembre de 2022 estaba llena; en octubre de 2024 se encontraba al 5 %; en 2025 hubo pueblos durante semanas sin agua potable y este 2026 la captación se ha agotado por completo.

Por eso, para los vecinos de estos pequeños municipios toledanos, encontrar agua bajo tierra significa bastante más que perforar un pozo. Significa tener la tranquilidad de abrir el grifo en agosto sin preguntarse antes cuánto quedará en la presa.