Mujeres: los datos que demuestran la desigualdad laboral

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Los datos así lo corroboran. Las mujeres cobran menos siempre y en todo el territorio nacional y además cuentan con mayor precariedad en el trabajo, más paro, trabajo temporal y parcialidad en el empleo.

El paro les afecta siempre más a ellas. Lo interesante es que si en épocas de crisis económica la situación parece equilibrarse, en cuanto el mercado se recupera, los hombres encuentran trabajo antes y el paro masculino disminuye a un mayor ritmo que el de mujeres.

Así lo confirman los datos de la evolución del paro en los últimos doce años. En 2006, antes de la crisis, el paro femenino se situaba cinco puntos por encima, en el 11,34 por ciento, mientras que el masculino estaba en el 6,35. Es decir, había el doble de mujeres en paro que de hombres.

En el peor dato del paro, durante la crisis, ambos se igualan en torno al 25 por ciento. El paro femenino sólo se diferenciaba en un 1,07 puntos. Sin embargo, cuando los datos del paro mejoraron, dos años después, el de ellas apenas había bajado 2 puntos, mientras que el de ellos se había reducido en 5.

Con datos más favorables en 2018, la diferencia se sitúan en un más de 4,5 puntos. Mientras que el paro en 2018, los hombres en paro suponían el 13,72, las mujeres llegaban a 17,02.

No sólo no encuentran menos trabajo, además, las mujeres copan el trabajo a jornada partida con indiferencia de tipo de contrato que se trate.

Ellas sólo cuentan con poco más de un tercio de las jornadas completas, tanto en trabajos temporales como indefinidos. Un 1,09 más en el caso de estos últimos. Mientras que las mujeres ocupan dos tercios de los contratos indefinidos de jornada parcial y más de la mitad de los temporales. Una situación que supone pérdidas a la hora de obtener mejoras salariales. Esta situación es el reflejo de los roles tradicionales que la mujer asume como cuidadora.

Como resultado, su vida laboral es más precaria y los sueldos y pensiones recibidas es significativamente menor. Aunque a todas las edades ellas cobran menos, conforme pasa el tiempo la diferencia aumenta.

Así encontramos que si con 25 años la diferencia es de 1.100 euros, diez años después, la diferencia supera los 2.500. Con 45 años, la brecha está casi llega a los 4.700 y cuando llega la edad de jubilación los hombres ingresan de media 7.000 euros más. La consecuencia, las mujeres se jubilan con menos de la mitad de los ingresos que los hombres.

 

Cuanto mayores son los sueldos mayor es la brecha salarial. En aquellas regiones donde el sueldo es más alto, por ejemplo, Madrid, la brecha alcanza los 7.800 euros, en Extremadura, donde el sueldo es el más bajo, la diferencia es de 2.500 euros. En Castilla-La Mancha ellos ganan de media 4.677 euros más. Una diferencia que viene justificada por los tipos de jornadas, trabajos y oportunidades. Allí donde hay más oportunidades de mejora, estas van de forma prioritaria al varón.

 

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