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ATENTADOS 11-S

25 años del 11-S: el día en que cambió el mundo, aún sin redes sociales ni smartphones

Una generación entera conoce los atentados de las Torres Gemelas solo por vídeos, documentales y libros de texto pero aquel martes también resulta lejano el mundo tecnológicamente hablando era irreconocible para cualquier veinteañero de hoy

(Foto de ARCHIVO) The "Tribute in Light" en Lower Manhattan, muy próximo al One World Trade Center.CONTACTO vía Europa Press

Susana Palomo Gómez
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Se cumplen 25 años de los atentados del 11 de septiembre. Medio siglo en el que ha cambiado el mundo y se ha producido un salto tecnológico y generacional que hace difícil explicar a los menores de 30 años la dimensión de estos hechos y sus efectos.

Los que como yo contemplamos con estupefacción, al principio, y con horror y temor, después, las torres gemelas ardiendo y colapsando, nos es difícil explicar a nuestros hijos preadolescentes o incluso a sobrinos veinteañeros que lo que vivimos aquél día nos pareció ciencia ficción y tuvo multitud de consecuencias en nuestro día a día. 

La pequeña pantalla entonces era la tele

Lo primero, porque lo vimos a través de la que entonces era la pequeña pantalla, la televisión. Los móviles de la gente de a pie aún no permitían la reproducción con calidad de vídeos, menos aún compartirlos por Facebook, You Tube, Instagram o Whatsapp .Y segundo, porque ese 11 de septiembre de 2001 se derrumbaron no solo los símbolos de la Gran Manzana sino de la seguridad de los países y el orden mundial. Y lo que parecía más terrorífico: puso de manifiesto que nadie era intocable y por primera vez la humanidad entera se sintió vulnerable.   

Para los Millenial o Generación Z, las Torres Gemelas forman parte de esa cajón mental en el que están el muro de Berlín, la peseta o los teléfonos con cable: sabes que existieron pero pertenecen a otro mundo. Totalmente.

Ya no nos informamos de la misma manera

El 11 de septiembre de 2001, cuando dos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas de Nueva York, otro contra el Pentágono y un cuarto cayó en Pensilvania, no había redes sociales. Facebook aún tardaría tres años en aparecer. Wikipedia, ya existía, pero acababa prácticamente de nacer. 

Aquel momento fue probablemente el último gran acontecimiento mundial que millones de personas vivimos a través de una tele. Hoy con una notificación en el móvil nos enteramos en segundos de lo que ha pasado al otro lado del planeta. En el 11-S todo era diferente.

En Estados Unidos solo el 55 % de los adultos utilizaba internet y solo el 7 % tenía de banda ancha en su casa. Millones de personas nos enteraron de lo ocurrido a través de las noticias: encendimos la televisión y  durante horas nadie la apagó. 

La primera torre fue golpeada a las 8:46 de la mañana, hora de Nueva York. Parecía un accidente. Pero 17 minutos después, a las 9:03, un segundo avión impactó contra la Torre Sur mientras las cámaras lo retransmitían en directo. En ese instante se disiparon las dudas. Estados Unidos estaba siendo atacado.

Miles de páginas de historia cambiaron a una velocidad vertiginosa.

Toda la secuencia que hoy ocupa documentales, películas y miles de páginas de historia se desarrolló a una velocidad vertiginosa.

A las 9:37 otro avión se estrelló contra el Pentágono. A las 9:59 cayó la Torre Sur. A las 10:03 se estrelló el vuelo 93 en un campo de Pensilvania y, a las 10:28, se desplomó la Torre Norte.

Desde el primer impacto hasta la caída de la segunda torre habían pasado solo 102 minutos.

Los atentados fueron obra de 19 terroristas de Al Qaeda que habían secuestrado cuatro vuelos comerciales. Murieron 2.977 personas.

Pocos se acuerdan que hubo una cuarta aeronave que nunca alcanzó su objetivo.

Una de las historias que mejor retratan la enorme distancia tecnológica que nos separa de aquel día es la información que permitió comprender qué estaba ocurriendo. Entonces viajó de persona a persona, mediante llamadas telefónicas.

Un acontecimiento histórico para unos y un recuerdo para otros

Es inevitable que para muchos de nosotros en cada aniversario del 11-s nos preguntemos: ¿dónde estabas cuando cayeron las Torres Gemelas?. La respuesta es instantánea. 

Una encuesta señala que aproximadamente la mitad de los adultos estadounidenses considera el 11-S uno de los acontecimientos más importantes vividos en estos últimos 25 años. Entre los más jóvenes, en cambio, el atentado pertenece cada vez más a las clases de Historia.

Es inevitable. Quien nazca hoy escuchará hablar de la pandemia de 2020 de una forma parecida. Verá vídeos, testimonios y fotografías pero no tendrá el recuerdo de haberla vivido. Eso es exactamente lo que sucede con el 11-S.

Las Torres Gemelas ya no están aunque cada año en esta fecha dos columnas de luz vuelvan a recordar su ubicación. 

Cada aniversario Nueva York recupera  su antiguo perfil de con dos potentes haces de luz: el Tribute in Light, símbolo del recuerdo.

Este 2026 hay además una novedad. A los seis tradicionales minutos de silencio que recuerdan los impactos de los aviones y el desplome de las torres, el Memorial ha añadido un séptimo silencio para recordar a quienes fallecieron  posteriormente por enfermedades relacionadas con la exposición a sustancias tóxicas tras los atentados.

Veinticinco años después, quizá la mejor manera de explicar el 11-S a quien no lo vivió sea que no solo fue el día en que cayeron las Torres Gemelas. Fue una mañana de menos de dos horas que dejó casi 3.000 muertos, cambió guerras, aeropuertos y políticas de seguridad y quedó grabada para siempre en la memoria de varias generaciones.

Y lo más extraordinario de todo es que el mundo se paralizó en torno a la televisión, la de entonces  no eran las smart tv que tenemos en la actualidad. Por cierto, al margen de que estos atentados desencadenaran la llamada guerra contra el terrorismo e intervención estadounidense en Afganistán, se produjo una profunda transformación de los servicios de inteligencia, vigilancia y seguridad en Occidente. El 11-S transformó la seguridad aérea con la inspección del equipaje facturado, ampliación del servicio de agentes aéreos y el refuerzo de las puertas de las cabinas de los pilotos.

No todas las incomodidades actuales de los aeropuertos nacieron exactamente aquel día , pero la forma de volar nunca ha vuelto a ser la misma. Tampoco la política internacional.