Perú: inestabilidad política y grandes retos a afrontar por el nuevo presidente

Perú crisis

Francisco Sagasti y su nuevo ejecutivo de transición afrontan una tarea ardua y compleja para llevar a Perú a la celebración de su bicentenario en abril de 2021. Generar confianza ciudadana y estabilidad, superar la crisis sanitaria y económica y poner al país firmemente en la senda democrática. De la situación en Perú y los escenarios que se abren tras las destituciones de varios presidentes hablamos con el experto en Relaciones Internacionales de El Orden Mundial, Blas Moreno. Aquí la entrevista completa (audio):

Confianza, salud, economía y democracia: los retos del Perú de Sagasti

Armado tan solo con su empatía y el hecho de ser uno de los pocos políticos del país que goza de respeto entre la ciudadanía, el presidente liberal Francisco Sagasti asume los retos, dificultades e incertidumbres a superar.

Estos son cinco de los mayores desafíos para el Ejecutivo de Sagasti para los ocho meses de gestión que, si todo sale como está previsto, le restan.

1.- ELECCIONES GENERALES

Garantizar la celebración de unas elecciones generales libres en las que se respete la decisión de las urnas está en la punta de la pirámide de los asuntos tanto políticos como simbólicos que Sagasti deberá cumplir.
El expresidente Martín Vizcarra ya convocó a los comicios para el 11 de abril de 2021 y puso en marcha los mecanismos del Estado para su desarrollo.

Su único reto será asegurar la neutralidad de su Ejecutivo en la contienda, una exigencia legal y ciudadana que deberá asumir pese a que hasta hace pocas horas el ahora presidente era candidato en la plancha presidencial del Partido Morado.

2.- GOBERNABILIDAD

La selección de Sagasti como presidente del Congreso, y por tanto como el encargado constitucional de dirigir la República hasta 2021, fue una decisión consensuada y apoyada mayoritariamente por el Legislativo (93 sobre 130 votos).

El respaldo parece indicar que los legisladores han asumido en parte su responsabilidad por la crisis política que enervó al Perú.

Los promotores de la destitución de Vizcarra han quedado políticamente muy debilitados, con escisiones en sus filas y un desprestigio tal ante la ciudadanía que no parece posible que supongan un obstáculo.

3.- LA CALLE

Por otro lado aparece un agente esencial que durante años parecía olvidado por la clase política peruana: la ciudadanía consciente y activa en política. Esta forzó la caída del Gobierno de Merino y va a mantener sus exigencias vigentes por mucho tiempo.

Sagasti también arrancó con buen pie en este campo, con un discurso empático, próximo, dedicado expresamente a la juventud que protagonizó las movilizaciones.

La configuración de un gabinete técnico, centrado, con algunos representantes del Gabinete de Vizcarra, apunta al apaciguamiento social, pero corre el riesgo de ser demasiado poco para una tendencia creciente que pide cambios más profundos e incluso una reforma constitucional que reforme de raíz el Estado.

4.- LA ENFERMEDAD

Perú es el país del mundo con mayor mortalidad per cápita a causa de la covid-19, con más de 35.000 muertes oficialmente contabilizadas y otras tantas más por encima de la media de los últimos años que registran las estadísticas nacionales.

El embate fue largo, desbordó los hospitales y dejó imágenes dramáticas en todo el país, que desde marzo a septiembre vivió al borde del colapso y sólo en las últimas semanas ha visto cómo la temible curva de incidencia y contagios comenzó a bajar.

Sagasti sabe, como muchos también alertaban en el Gobierno de Vizcarra, que esta situación es un espejismo y que puede haber un rebrote aún mas brutal que el primero, y que por eso es esencial estar prevenido, tanto en términos sanitarios como emocionales.

5.- LA ECONOMÍA

Tanto o más grave que la crisis sanitaria, es la crisis económica que Sagasti y su equipo deberán remontar, pase lo que pase.

Cómo conservar el equilibrio entre apertura, necesaria para relanzar la economía, y el control del virus, será el quebradero de cabeza más complejo para Sagasti, tal y como reconoció el flamante presidente en su investidura.

El confinamiento inicial decretado por Vizcarra para atajar el virus destruyó la economía, que llegó a desplomarse un 40 % en el segundo trimestre del año, un récord mundial. El desempleo se disparó, la informalidad se multiplicó, los ingresos ciudadanos se hundieron.

Sagasti aseguró que su Gobierno defenderá la estabilidad presupuestaria, y que buscará satisfacer las necesidades y exigencias básicas de la población pero sin reventar la economía pública.

 

Texto: Álvaro Mellizo-EFE/Entrevista: Elena Labrado-CMM 

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