Castellar y Cristina, dos jóvenes gemelas de Villarrubia de Santiago (Toledo), con "importantes secuelas" tras la covid

Susana Palomo Gómez

Y aunque la vacuna le va ganando espacio a la pandemia, no bajen la guardia para evitar problemas como los que sufren estas hermanas gemelas de Toledo. Más de un año después de haberse contagiado de covid y asegurar "pasarlo realmente mal", Castellar y Cristina, a sus 26 años, todavía  tienen importantes secuelas.

Han llegado a tener 170 pulsaciones nada más levantarse de la cama, sufren bajadas de azúcar, desorientación y sobre todo un cansancio infinito. Tanto, que han tenido que aprender a respirar de nuevo. Un cuadro de secuelas tan amplio que están visitando a siete especialistas médicos diferentes.

Su pesadilla comenzó hace más de un año, el 18 de marzo de 2020. Dolor de garganta, fiebre no muy elevada a la que siguió sensación de asfixia, dolor de pecho y de cabeza. Estaban tan enfermas que llegaron a pensar que podían morir.

Castellar pasó en casa confinadas en su dormitorio 51 días. Su hermana,  Cristina, 36. Tras una PCR con resultado negativo, ellas se sentían igual de mal que cuando tenían el virus. Aun  así, son de las pocas enfermas con covid persistente que están trabajando. Lo hacen como administrativas en una fábrica en la que les han habilitado una sala para poder estar sin mascarilla. Su estado les impide llevarla más de dos horas seguidas. Forman parte de un colectivo que arrancaba hace un mes en Castilla-La Mancha. Quieren que el covid persistente se conozca y se reconozca como enfermedad.

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