Llegan a España los posibles restos de las víctimas del Yak-42, cuatro de Castilla-La Mancha

Susana Palomo Gómez
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A las cinco de la tarde estaba prevista la llegada a España de los restos humanos que Turquía atribuye a los 62 militares fallecidos en el Yak-42, cuatro de Castilla-La Mancha. En un acto privado se entregan a la ministra de Defensa, Margarita Robles, en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Las autoridades españolas recibirán estos restos humanos encontrados en el cementerio de Maçka, cercano a donde se estrelló el Yak-42 en Turquía en 2003. De él se exhumó este miércoles un fémur que junto a 23 frascos con restos óseos son atribuídos por Turquía a las víctimas del Yak-42.

Restos óseos del Yak-42 repartidos en dos cementerios

Está previsto que se hagan pruebas de ADN para identificar cada uno de los restos. Todo según las instrucciones del Juzgado Central de Instrucción número 3 de la Audiencia Nacional, dirigido por la magistrada María Tardón.  Tardón decidirá qué tipo de análisis forense se practica a los restos para identificarlos, para lo que se cuenta con muestras de los fallecidos guardadas en el Instituto Anatómico Forense de Madrid.

El traslado se produce gracias a un proceso de cooperación judicial con Turquía abierto por la Audiencia Nacional a instancias de Defensa, ante el hallazgo en un cementerio turco de un  fémur que podría corresponder a uno de los fallecidos.

El fémur se exhumó este miércoles de un cementerio turco adonde, al parecer, los restos fueron trasladados desde otro próximo localizado en la localidad de Maçka, cerca de donde se estrelló el avión. Fue en este último camposanto en el que, según confirmó Turquía, fueron enterrados en julio de 2003 (el accidente ocurrió en mayo de ese año) y desenterrados años después.

La mayor tragedia aérea del Ejército español

La del Yak-42 es la mayor tragedia aérea del Ejército español y derivó en un cúmulo de errores en las identificaciones de las víctimas.

En enero de 2017 el informe del Consejo de Estado, asumido por el Gobierno, dio la razón a las familias que defendían que la tragedia era evitable y que el avión nunca debió volar y advirtió de la existencia de irregularidades en las contrataciones de vuelos para el transporte de tropas a misiones internacionales.

Los 62 militares españoles muertos en el Yak-42, la mayoría de la Base Aérea de Zaragoza, regresaban de una misión de paz en Afganistán a España cuando el avión se estrelló. El suceso costó la vida de todos ellos junto con la tripulación ucraniana.

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