Covid-19: el despertar de la conciencia sobre el cambio climático

Lago salado

Elena Labrado Calera
Seguir al autor

El prestigioso diario francés Le Monde acaba de publicar una noticia titulada “No al retorno a la normalidad”. Un texto en el que habla sobre el manifiesto firmado por más de una veintena de premios Nobel, científicos y más de un centenar de personalidades del mundo de la cultura, desde Robert de Niro a Juliette Binoche, o los españoles Pedro Almodóvar, Javier Bardem y Penélope Cruz. “Los ajustes ya no son suficientes, el problema es el sistema”, es una de las frases de un manifiesto que hace un llamamiento a repensar el curso de la Humanidad tras la pandemia del coronavirus y ante el cambio climático que se dibuja en el horizonte terrestre.

Y ellos no son los únicos, dentro de Naciones Unidas, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha publicado también su informe al respecto. "El coronavirus es una enfermedad que esperamos que sea temporal, con impactos temporales, pero el cambio climático ha estado allí por muchos años y se mantendrá por muchas décadas, y requiere de acción continua", afirma Antonio Guterres, secretario general de la ONU, en la presentación del documento.

En el estudio compilado por la OMM, se resaltan las señales físicas de alerta del cambio climático: como el intenso calentamiento de los océanos y de la Tierra, el récord del nivel del mar en 2019, el descongelamiento de los mantos de hielo y los continuos fenómenos meteorológicos como tormentas, sequías e inundaciones.

Para saber más...

Todo ello, con unas consecuencias que, a día de hoy, somos incapaces de prever. Para entender mejor este fenómeno, hemos hablado con Germán Díez, analista de Seguridad y experto en Geopolítica y Recursos Naturales, que nos dice: "Hoy, la COVID-19 nos deja helados al ver los miles de muertos que asolan este pequeño mundo, solos, sin quien les diga un “te quiero” antes de morir. Es cierto que son muchos los recuperados, asintomáticos, o que han padecido una “gripe”, pero son miles los que han sentido la muerte cerca. Ellos son, junto con los muertos, quienes nos dan ejemplo de la irresponsabilidad de seguir la senda de la destrucción de nuestro clima".

Germán Díez nos recuerda que "para la mayoría de ciudadanos, aquí en España, siempre se han visto como algo lejano las extrañas enfermedades que causan los virus y matan a millones de personas anualmente en países que también vemos a mucha distancia, como la fiebre de Marburgo, el ébola, el dengue, la fiebre amarilla, la viruela, la rabia, el rotavirus, la fiebre de Crimea-Congo, el MERS-COV, etc. Una lista mortal, prosigue, que solo nos asustó y nos tuvo en vilo cuando el ébola llegó a España de la mano la mano de un religioso infectado en Sierra Leona y lo contagió a una enfermera ya en territorio nacional en 2014".

Lo que se esconde bajo el permafrost

Germán Díez nos lo explica: "Permafrost o permahielo, es la capa de suelo congelado. Lleva con nosotros miles de años, ocupa aproximadamente el 20% de la superficie de la Tierra y guarda, entre otras muchas cosas, secretos que quizá sería mejor que nunca llegaran a conocerse. La aceleración del deshielo afecta tanto a los mares, que ven aumentado su volumen, con el riesgo que esto supone para las poblaciones costeras, como a la atmosfera, con las emisiones de carbono que se producen por el deshielo en forma de gas metano o dióxido de carbono, favoreciendo el efecto invernadero y el aumento de temperaturas".

Pero esto no es lo único, continúa este analista de Seguridad y experto en Geoestrategia: "Algo más se esconde bajo el permafrost, algo que ahora sentimos cerca y que, de no cambiar drásticamente nuestra forma de vida (como actualmente nos vemos obligados), la naturaleza nos obligará a hacerlo de forma drástica y dolorosa, como actualmente sentimos cada vez que alguien cercano o no, muere de la COVID-19".

Como explica Germán Díez, en el permafrost permanecen helados una variedad enorme de virus y bacterias. Y, prosigue: "En 2016, un equipo de científicos extrajo del Tíbet una barra de hielo de 50m de profundidad, esta barra de hielo se calcula que puede tener unos 15.000 años de antigüedad y escondía 33 grupos de virus, de los cuales 28 eran desconocidos para la Humanidad. Ese mismo año, en el pueblo de Yamal (Siberia), donde viven unas 25.000 personas, una ola de calor fundió parte del permafrost liberando un brote de ántrax de un reno muerto casi 100 años antes. Al contaminar el caudal de agua 1 persona murió y 13 enfermaron, y más de 2.300 renos murieron a causa de ese brote. Este es un ejemplo físico de los muchos que hay. ¿Qué habría ocurrido si esa variedad de ántrax u otro virus no conocido se liberara en Noruega?", se pregunta.

Llamamiento a la concienciación

Germán Díez termina haciendo un llamamiento a la concienciación y a la responsabilidad general: "Frenar el cambio climático, reducir la contaminación ambiental, mantener las capas de hielo… está en nuestras manos, lo vemos estos días. Necesitamos un cambio, Gobiernos, empresas y ciudadanos debemos ser conscientes de ello. La COVID-19 nos ha dejado ver qué sería de nuestros campos y ciudades, y de nosotros mismos, si redujéramos la contaminación: mejor calidad del aire, reducción del agujero de la capa de ozono, disminución de la temperatura global, menos enfermedades de la piel, respiratorias, alergias… se daría paso a más fauna y más vegetación, en definitiva, a más vida. Todavía hay margen para frenar el monstruo que ya está aquí y se esconde detrás de la COVID-19".

Consulta pinchando aquí el estudio completo realizado por Germán Díez,analista de Seguridad y experto en Recursos Naturales.

Temas