Yo me quedo aquí

  • Recomendado para todos los públicos
  • Disponibles subtítulos para personas sordas

Jueves a las 22:30 h

Hoy visitamos San Antonio (Toledo) y Armuña de Tajuña (Guadajara).

“Yo me quedo aquí” nos traslada a San Antonio, una pedanía del municipio toledano de La Pueblanueva que cuenta con tan solo 18 habitantes. Allí, el herrero Ramón Recuero (de 57 años) nos enseña su taller, nos cuenta por qué eligió este lugar para vivir –al que llegó hace ya 26 años procedente de Ciudad Real y en busca de tranquilidad- y nos muestra cómo es el día a día en esta pequeña aldea en la que abundan los artesanos.

En este episodio el programa también visita la localidad de Armuña de Tajuña (Guadalajara), un pueblo de 246 habitantes situado en plena Alcarria. En esta localidad conocemos a Paola Pérez, una emprendedora de 58 años afincada en Madrid hasta 2017 que decidió romper con todo y dejar atrás el ajetreo y el ritmo estresante de la gran ciudad para instalarse en Armuña y comenzar una nueva vida. El programa visita además el club motero de la localidad y una ganadería cercana de ganado bravo.

YO ME QUEDO AQUÍ continúa su recorrido por pequeños pueblos de nuestra comunidad para conocer la historia de personas que han decidido vivir o instalarse en ellos y aprovechar las oportunidades y la calidad de vida que estos ofrecen. Personas que decidieron cambiar la ciudad por el pueblo.

Nuestros protagonistas buscan tranquilidad, un estilo de vida saludable, estar en contacto con la naturaleza… y nuevas posibilidades laborales y emprendimiento.


Yo me quedo aquí: La Fuencaliente (Ciudad Real) y Las Rinconadas (Cuenca)

Bea es de Almagro, pero el amor y una mejor oportunidad de negocio la llevó hasta La Fuencaliente, una aldea de 20 habitantes perteneciente al municipio de Malagón (Ciudad Real). Bea y su marido eligieron la aldea para abrir su fábrica de material ganadero porque los terrenos eran más económicos. Desde entonces el negocio les va bien y han decidido diversificarse fabricando también estufas de biomasa, más ecológicas que las tradicionales.

Sergio decidió dejar su trabajo en Barcelona (una ciudad con más de un millón de habitantes) para vivir en Las Rinconadas (unos 30 habitantes). En esta aventura no está solo: le acompañan su esposa y sus hijos y todos están encantados con el cambio. Además, Sergio no para: trabaja en el campo, es juez de paz y está al frente de varias iniciativas que luchan contra la despoblación de estos pequeños paraísos castellanomanchegos.

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