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Castilla-La Mancha recrimina a Madrid la falta de depuración que causa el deterioro del Tajo a su paso por nuestra comunidad

El problema se suma a unos caudales ecológicos que, aunque ya están recogidos en el Plan del Tajo tras varias sentencias del Supremo, todavía no alcanzan los valores previstos para 2027.

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Toledo, Cielo, Nubes dispersas,Tiempo, Río Tajo, Agua

EUROPA PRESS
24/2/2015

(Foto de ARCHIVO) Toledo, Cielo, Nubes dispersas,Tiempo, Río Tajo, Agua EUROPA PRESS 24/2/2015EUROPA PRESS

Susana Palomo Gómez
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Más de medio siglo después de que se prohibiera el baño en el Tajo en la provincia de Toledo, volver a refrescarse en el río a su paso por Toledo continúa siendo una posibilidad muy lejana. Un nuevo estudio impulsado por la Cátedra del Tajo UCLM-Soliss ha encontrado en las aguas que atraviesan la capital regional concentraciones de bacterias fecales. Algunos análisis apuntan parámetros que llegan a multiplicar por 40 los límites establecidos para que el agua pueda considerarse apta para el baño.

La consejera de Desarrollo Sostenible, Mercedes Gómez, ha apuntado este miércoles directamente hacia la depuración de aguas residuales de la Comunidad de Madrid. Según ha señalado, los incumplimientos en parámetros como el nitrógeno y el fósforo favorecen el deterioro de la calidad del agua que posteriormente llega a Castilla-La Mancha. Gómez asegura, además, que la Junta realiza controles sobre las depuradoras de la región y que actualmente no tiene constancia de vertidos incontrolados procedentes de las instalaciones de la provincia de Toledo.

40 veces más bacterias fecales de las permitidas

Las palabras de la consejera llegan un día después de conocerse la investigación impulsada por la Cátedra del Tajo. El trabajo analizó muestras tomadas entre noviembre de 2025 y mayo de 2026 en lugares tradicionalmente utilizados para el baño antes de su prohibición: Safont, la playa de la Incurnia y el tramo próximo a la antigua central de Buenavista.

Los investigadores buscaron dos indicadores de contaminación fecal. La normativa establece que para poder alcanzar una calidad suficiente para el baño deben obtenerse valores inferiores a 900 unidades por cada 100 mililitros para E. coli y 330 para los enterococos.

Ninguna de las estaciones analizadas se acercó a esos niveles. En otoño, las concentraciones de E. coli fueron 4,7 veces superiores al límite; en primavera, 7,3 veces, y durante el invierno llegaron a multiplicarlo por 40. En el caso de los enterococos, fueron 3,4 veces superiores en otoño, 3,1 en primavera y hasta 41,2 veces mayores durante el invierno. El estudio detectó además bacterias E. coli resistentes a antibióticos.

La propia Cátedra advierte de que los resultados deben considerarse orientativos, porque la legislación exige muestras durante varias temporadas de baño y el estudio no incluye el verano. Aun así, considera que los resultados muestran un problema estructural de saneamiento y depuración.

¿Toda la contaminación entonces procede de Madrid?

Aquí el estudio introduce un matiz respecto a las declaraciones de la Junta. Los investigadores no atribuyen las bacterias exclusivamente a la Comunidad de Madrid. Al tratarse de microorganismos de origen fecal, consideran que pueden proceder de las aguas residuales generadas en toda la cuenca situada aguas arriba de Toledo.

Eso incluye la cuenca del Jarama y sus afluentes, que recibe buena parte de las aguas residuales del área metropolitana madrileña, pero también las poblaciones situadas entre la cabecera del Tajo y Toledo, Aranjuez, la comarca de La Sagra y la propia ciudad de Toledo, cuya depuradora del Polígono vierte al río.

Entre las soluciones propuestas están mejorar las depuradoras, separar las redes de aguas pluviales y fecales y aumentar la capacidad de los tanques de tormenta, para evitar que durante episodios de lluvia las instalaciones de saneamiento se vean desbordadas y terminen llegando al río aguas insuficientemente tratadas.

El otro problema del Tajo: falta agua para diluir la contaminación

Pero la depuración es solamente una parte de la ecuación. La otra es la cantidad de agua que lleva el río. Cuanto menor  caudal, menor también la capacidad del Tajo para diluir contaminantes y desarrollar procesos naturales que contribuyen a recuperar la calidad del agua.

Mercedes Gómez sostiene que el Tajo está tan regulado que se impide que el agua circule de manera natural y ha llamado la atención sobre las imágenes de este verano, cuando en algunos puntos del cauce a su paso por Toledo han quedado al descubierto amplias zonas del lecho.

La situación tiene detrás una larga batalla judicial sobre los caudales ecológicos. En 2019, el Tribunal Supremo dictó varias sentencias a raíz de los recursos presentados, entre otros, por los ayuntamientos de Toledo, Talavera de la Reina y Aranjuez y por organizaciones en defensa del Tajo. El Alto Tribunal anuló distintos artículos del Plan Hidrológico de 2016 al considerar que incumplía la obligación de establecer un régimen completo y vinculante de caudales ecológicos.

Aquellas resoluciones tuvieron después reflejo en el nuevo Plan Hidrológico del Tajo aprobado en 2023, que por primera vez introdujo un régimen escalonado de caudales ecológicos en el eje central del río. El Supremo ha avalado en recursos posteriores la implantación progresiva prevista por el nuevo plan.

11 metros cúbicos por segundo este verano; 13 a partir de 2027

El Plan Hidrológico establece para el tramo del Tajo en Toledo hasta la desembocadura del Guadarrama un mínimo de 11 metros cúbicos por segundo entre julio y septiembre de 2026. A partir del 1 de enero de 2027, el mínimo previsto para esos mismos meses ascenderá a 13 m³/s. En otras épocas del año los valores son superiores: durante 2026 llegan a 19,2 m³/s entre enero y marzo.

El objetivo final previsto desde 2027 supone en Toledo caudales trimestrales mínimos de 15 m³/s entre octubre y diciembre, 23 entre enero y marzo, 18 entre abril y junio y 13 durante el verano.

Ahí está buena parte del debate actual. Cumplir estrictamente el mínimo legal no garantiza por sí solo que el río presente un aspecto o unas condiciones ambientales adecuadas. Este mismo verano el Tajo ha registrado caudales muy reducidos en Toledo y han reaparecido bancos de arena y zonas prácticamente sin circulación de agua. La Cátedra del Tajo lleva tiempo advirtiendo, además, de los efectos que las oscilaciones bruscas de caudal pueden provocar sobre peces, invertebrados y otros organismos del ecosistema fluvial.

El último estudio añade ahora otra pieza al puzle: no basta con que haya más agua si sigue llegando contaminada, pero una mejor depuración tampoco resolverá por sí sola el problema del río. Para que Toledo pueda aspirar algún día a recuperar el baño en el Tajo será necesario actuar sobre ambas cuestiones: reducir drásticamente la contaminación aguas arriba y garantizar un régimen de caudales capaz de mantener vivo el río.

Por ahora, los datos microbiológicos dejan ese objetivo muy lejos de conseguirlo. La propia Cátedra del Tajo concluye que la distancia que separa a los toledanos de volver a bañarse en su río es todavía “enorme”.

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